Gestión y prevención. Gobernar la incertidumbre

La reciente emergencia por la rotura de un caño maestro en Concepción del Uruguay deja una enseñanza que va más allá del episodio puntual: gobernar implica prepararse para la incertidumbre, fortalecer la infraestructura y construir una ciudad más resiliente frente a los desafíos futuros.

Por: Pablo Presas,

Por: Pablo Presas (*)

Esta semana Concepción del Uruguay vivió una situación que alteró la rutina de miles de vecinos. La rotura de un caño maestro dejó durante varias horas sin suministro de agua a buena parte de la ciudad y obligó a desplegar un importante operativo para localizar la falla, repararla y abastecer con agua a distintas instituciones de salud y sociales mientras duró la emergencia.



Aunque la avería fue reparada, al momento de escribir estas líneas algunos barrios todavía continúan recuperando gradualmente el servicio. Según informó el Municipio, la normalización del sistema demanda tiempo para volver a llenar los reservorios y recuperar la presión en toda la red, razón por la cual también se solicitó a la comunidad un uso responsable del agua durante estos primeros días.

Como suele ocurrir en estos casos, las redes sociales se llenaron rápidamente de opiniones, críticas y reclamos. Es comprensible. Cuando un servicio tan esencial como el agua deja de funcionar, la preocupación y el malestar de los vecinos son inevitables. Sin embargo, una vez superada la emergencia, vale la pena detenerse un momento para extraer una enseñanza que trasciende este episodio puntual.

Nadie puede garantizar que una infraestructura construida hace varias décadas nunca vaya a fallar. Los sistemas de agua, energía, cloacas o drenajes están expuestos al desgaste propio del tiempo, al crecimiento de las ciudades y a exigencias cada vez mayores.

Lo que sí puede esperarse de una gestión responsable es que, cuando ocurre un hecho inesperado, existan equipos técnicos preparados para responder con rapidez, coordinar recursos y minimizar las consecuencias para la población.

Y eso también merece ser reconocido.

Los trabajadores municipales que intervinieron en la reparación actuaron con profesionalismo durante largas horas hasta restablecer el servicio. Al mismo tiempo, el Municipio organizó el abastecimiento alternativo de agua para las instituciones más sensibles mientras duró la contingencia. Son esas respuestas las que muchas veces pasan desapercibidas, pero que hacen una diferencia concreta para quienes más lo necesitan.

Casi en paralelo, comenzaron también las reuniones de preparación ante un eventual fenómeno de El Niño para la próxima primavera y verano.

No sabemos todavía cuál será su intensidad ni qué impacto concreto tendrá sobre nuestra ciudad. Tal vez las lluvias sean superiores a lo habitual. Tal vez no. Nadie puede afirmarlo con certeza.

Y justamente por eso resulta acertado prepararse.

Prepararse no significa generar miedo ni instalar escenarios catastróficos. Significa revisar protocolos, mantener la infraestructura, limpiar desagües, coordinar equipos y estar listos para actuar si las circunstancias lo requieren.

En los últimos años Concepción del Uruguay ha avanzado de manera significativa en ese camino. Las defensas Norte y Sur constituyen probablemente el mejor ejemplo de planificación estratégica. Son obras que no impiden que el río crezca, pero reducen enormemente el riesgo para miles de vecinos y colocan a la ciudad en una situación muy diferente a la que tenía décadas atrás frente a un evento hidrológico extraordinario.

A ello se suma el trabajo sistemático que el Municipio viene realizando sobre cañadones, arroyos y drenajes pluviales. Es una tarea silenciosa, poco visible para la mayoría de los vecinos, pero absolutamente imprescindible para mejorar el escurrimiento del agua cuando llegan las lluvias intensas.

Hace dos años presenté en el Concejo Deliberante un proyecto proponiendo la elaboración de un Plan Director de Drenajes Pluviales. La iniciativa no buscaba reemplazar esas tareas de mantenimiento, sino complementarlas con una planificación integral que permitiera diagnosticar el funcionamiento de las distintas cuencas, priorizar inversiones y orientar el crecimiento futuro de la ciudad sobre bases más sustentables.

Creo que ese sigue siendo un desafío pendiente.

Porque gobernar ya no consiste solamente en prestar servicios o ejecutar obras. El mundo actual nos obliga también a prepararnos para convivir con la incertidumbre.

El cambio climático, el envejecimiento de la infraestructura, las transformaciones tecnológicas y una economía cada vez más cambiante exigen gobiernos capaces de anticiparse, prevenir y aprender de cada experiencia.

Las ciudades más exitosas del futuro no serán aquellas que nunca enfrenten problemas. Serán aquellas que desarrollen la capacidad de responder rápidamente, recuperarse y salir fortalecidas después de cada desafío.

En definitiva, una ciudad resiliente no es la que tiene la suerte de que nunca ocurra una emergencia. Es la que trabaja todos los días para estar preparada cuando esa emergencia, inevitablemente, llegue.

Y quizás esa sea una de las tareas más importantes de cualquier gobierno: construir una ciudad que no dependa de la suerte, sino de la planificación, del mantenimiento permanente y del compromiso de quienes todos los días trabajan para cuidarla.

(*) economista y Concejal.