Con un comunicado, los industriales le respondieron al Presidente por atacar al sector durante el discurso en el Congreso. Además, advirtieron sobre la fuerte crisis de las fábricas.
Tras los fuertes cuestionamientos del presidente Javier Milei al empresariado industrial —a quienes llegó a calificar de “ladrones” en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso— la Unión Industrial Argentina (UIA) respondió con un documento en el que pidió “respeto” y expuso la compleja situación que atraviesa el sector.
El cruce se dio luego de que el mandatario apuntara contra referentes como el titular de FATE, Javier Madanes Quintanilla, y el presidente de Techint, Paolo Rocca, en medio de tensiones por cierres de plantas y la competencia con productos importados. En ese contexto, representantes de las uniones industriales del norte del país se reunieron con el Comité Ejecutivo de la entidad para analizar el escenario actual, marcado —según señalaron— por un contexto “altamente desfavorable”.
Tras unos días de silencio, la UIA difundió un documento titulado “Sin industria no hay Nación”, donde expresó su “preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias”. Allí advirtió que la transición hacia un nuevo esquema económico “implica un proceso de adaptación profundo que no es homogéneo ni inmediato” y que muchas empresas, especialmente pymes, atraviesan “una situación crítica, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo”.
Sin aludir de manera directa al Presidente, el texto remarcó: “En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país. El respeto es el punto de partida para reconstruir la confianza que la Argentina necesita”.
La entidad también rechazó la idea de que los industriales sean responsables de las distorsiones estructurales de la economía. “Es importante señalar que el empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones acumuladas durante décadas”, sostuvo.
Al mismo tiempo, la UIA reconoció que la industria “es un sector transable que compite de manera directa con el mundo” y que debe adaptarse a estándares internacionales en materia de presión impositiva, infraestructura y costos financieros. Por ello, consideró “fundamental avanzar en una agenda que permita reducir las distorsiones acumuladas” para mejorar la competitividad.
En su argumentación, la central fabril destacó el peso del sector en la economía: la industria representa el 19% del PBI, aporta el 27% de la recaudación fiscal nacional y genera de manera directa el 19% del empleo formal, con alrededor de 1,2 millones de trabajadores. Si se suman los empleos indirectos, más de 3,6 millones de personas dependen de la actividad industrial.
“Estos datos reflejan el rol estratégico que cumple la industria por su capacidad de agregar valor, generar exportaciones y aportar divisas”, señaló el documento, que concluye con una definición política: “Detrás de cada fábrica se encuentra un capital social construido por empresarios y trabajadores”.
Se trata de la primera respuesta institucional de peso de la UIA al Gobierno desde la asunción de Milei, en un escenario de creciente tensión entre la Casa Rosada y el sector manufacturero, atravesado por la apertura comercial, la presión impositiva y la caída de la actividad.










