por Nero Cavallo.
El intento del COU por recobrar su vigencia más allá de la existencia del COTA tuvo su chance porque entre los Deliberantes, se contaban los alineados no convencidos y los interesados puros y duros.
La decisión tomada por el Intendente buscó su ratificación entre los representantes del pueblo, quienes se pusieron a trabajar de inmediato en una ordenanza.
Entre los alineados por el signo político se hicieron malabares para encontrar condicionamientos a una decisión antijuridica e incómoda; al tiempo que, entre deliberantes de la oposición, las posturas estaban presas de las oportunidades que se abrían a los intereses propios y terrenales.
Después del trago amargo y de refunfuñar en el aire, el Intendente abrió la feria franca para vender el último espejito de color; escondió la ratificación y salió a decir que luego de reunirse con su bloque, retiraba la decisión porque él escucha y es razonable. Pero todo indica que el trabajo lo hizo el run run de la calle y el temor al desnudo.
En verdad, el decreto no fue dejado sin efecto y sólo está cuestionado por un único recurso administrativo. Existe un plazo legal que está corriendo para el ejecutivo y no hay ningún impedimento para que, ante la mínima distracción social, los Deliberantes avancen con una ratificación que abra la ventanita de los tres meses.
Si eso ocurre, en el puesto de espejitos de colores veremos el cartel: sold out.










