
por Ana Hernández
El puente es lo tangible, el abrazo que siempre pienso cada vez que cruzo el Zárate –Brazo Largo. Es la metáfora del encuentro y la comunicación.
La idea de puente es la más gráfica y condensa una imagen muy necesaria a la hora de conectar a dos islas que es lo que ocurre en el contexto social. También es verdad que la radicalización del discurso es una generalidad mundial y era algo que la sociología advertía como consecuencia de la pandemia. Nos dejó rotos. Estamos rotos. Sin puente no hay encuentro y sin encuentro no hay diálogo, pero no desde un lado liviano, sino sin posibilidad de debate, abandonamos la discusión y somos una suma de guetos.
Hay espacios que la política ya no ocupa pero porque hay una especie de islas incomunicadas, sin posibilidad de ejercer su mejor oficio. La política es el arte de convencer, de seducir y hasta de llegar a un punto de negociación (hoy mal interpretada) pero que son instancias necesarias para la construcción de cualquier tipo de proyecto.
Los vínculos están rotos, no existen y se fueron pulverizando en el vínculo de la sociedad civil con el Estado. Cabe preguntar cuáles son los espacios donde se puede crear comunidad. Los que estuvieron y cuáles pueden ser nuevos. Qué sucede con los clubes que parecen inaccesibles excepto por la cuota, qué pasa con las escuelas y las comisiones vecinales.
Dice la gran Rita Segato: “La lucha de los movimientos sociales inspirados en el proyecto de una ‘política de la identidad ‘no alcanzará la radicalidad del pluralismo que pretende y busca afirmar a menos que los grupos insurgentes partan de una conciencia clara de la profundidad de su ‘diferencia’, es decir, de la propuesta de mundo alternativa que guía su insurgencia”.
No se trata de ser iguales sino como se es igual en la diferencia y se inserta la misma en su perspectiva en la comunidad o en el pueblo.
¿Quiénes son los dueños del amor?
Inevitables consecuencias políticas, al margen del unánime repudio que ha provocado el magnicidio en la dirigencia de las distintas fuerzas partidarias. Quiénes son los dueños del amor y del odio. Hasta ahí llega la disputa que es ya vieja y similar a la utilizada en los EE.UU. con la guerra del Golfo Pérsico. Hubo una oportunidad perdida desde lo discursivo en los enunciados para que sea en defensa de la democracia. En términos de metáfora, se defendió la persona y no su capa. Defender la institucionalidad y la democracia siempre es una tarea que incluye.
En forma paralela a las reacciones de condena al ataque que sufrió la Vicepresidenta, las controversias y los discursos extremos se apoderaron de las redes sociales.
De un lado, los mensajes que acusan a “la derecha gorila” de promover el asesinato de Cristina Fernández de Kirchner; del otro lado, quienes sostienen que todo fue “armado” desde el propio oficialismo.
Somos Latinoamérica, tenemos la misma violencia racial, social y de género que hoy viven los países latinoamericanos. Hay una relación quebrada de la sociedad con el Estado y su punto de vista, en cuanto a encaminar soluciones que acerquen a la ciudadanía a una vida más de comunidad. Esa es la tarea pendiente.
En términos dialécticos estamos entre la tesis y la antítesis, en un laberinto complejo sin aparente salida. Es nuestra responsabilidad hacer la síntesis, hacer el amor.













