El Papa que le habla al sur global

Francisco se dirige a los fieles desde el Palacio Apostólico del Vaticano.
Marina García Diéguez
Periodista Especializada

Francisco, el primer papa latinoamericano, llegó hace 11 años a Roma para mover algunas de las placas tectónicas sobre las que se ha cimentado la Iglesia durante siglos. Lo hizo provocando en algunas ocasiones terremotos internos, evitando en otras llegar hasta el fondo de la cuestión, e intentando contener, a veces con suerte, a aquellos que dentro de esta institución inamovible se agarraban a sus dogmas y a sus posiciones de poder como si fuese el día del juicio final.
Venido al Vaticano desde el “fin del mundo”, como él mismo bromeó tras la fumata blanca, Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 1936) eligió quedarse en la residencia de Santa Marta, se despojó de símbolos de ostentación y se puso manos a la obra. Así, renovó la Constitución apostólica para solucionar algunos problemas enraizados en la gestión, por ejemplo, económica; se trajo a los suyos —recientemente nombró a otro argentino, Víctor Manuel Fernández, como nuevo responsable de la Doctrina de la Fe, el órgano que se ocupa, entre otros aspectos, de los casos de abusos— e incluso dejó por escrito que los curas del mundo deben bendecir a las parejas del mismo sexo si ellas lo desean.
Según las últimas cifras disponibles, publicadas en 2023 y que hacen referencia al año 2021, los lugares donde crecen los creyentes católicos son África, con un 3% más, y Asia y América, con un 1%. Europa se mantiene estable.
En ese contexto, el Papa ha dado más peso a lo que ha llamado “las periferias del mundo” en el seno de la Iglesia católica, y también ha establecido un diálogo con ellas. Francisco ha visitado hasta ahora 60 países, y en ese mapa de viajes se puede ver su interés por esa parte del globo. En África ha visitado más de 10 países, entre ellos Kenia, Uganda, la República Centroafricana y Sudán del Sur. En Asia y Oriente Medio, más de 15, como Mongolia, Myanmar y Kazajistán. Y en América Latina, casi todos: de Chile a Perú, pasando por Panamá, Colombia, Brasil o Cuba. Le falta su país, al que no vuelve desde que pasó de arzobispo de Buenos Aires a obispo de Roma en 2013. Un viaje que generaba muchos interrogantes con la llegada al poder de Javier Milei, quien construyó parte de su campaña electoral criticando e insultando al pontífice, pero que parece más viable después de que el Papa recibiera al presidente argentino este febrero.

Francisco con Milei, en San Pedro del Vaticano, el 11 de febrero último.

Actor geopolítico



Además de demostrar con sus viajes que la palabra evangelizadora era fundamental para construir su propia identidad, el papa Francisco, una persona que su entorno cercano describe como obstinada, sabe que sus movimientos son también un gesto de geopolítica.
En julio de 2022 visitó Canadá, y ahí pidió perdón por el papel de los religiosos católicos en la red de antiguos internados donde niños indígenas fueron maltratados y denigrados hasta finales del siglo XX. Por otro lado, en marzo de 2023, el Vaticano repudió oficialmente la “doctrina del descubrimiento” de la época colonial, a través de la cual la religión católica fue utilizada para justificar las conquistas europeas de África y América.
Para muchos, estos gestos de apertura a las partes del mundo que sufrieron el olvido son insuficientes. Para otros, una revolución en toda regla.
Bergoglio proviene del sur global y esta parte del mundo a la que, superando las barreras del tradicionalismo vaticano, ha intentado dirigirse en estos años. No sólo por su condición personal, sino también por la realidad de los números. No sólo por la importancia de obtener el perdón de una parte del planeta maltratada por el catolicismo durante siglos, sino también por lo que hoy significan esas dos palabras: sur y global. Es esta parte del mundo la que sufre más que ninguna los efectos del cambio climático, un hecho del que es especialmente sensible el Papa, quien ha escrito sobre el tema y habla de la sensibilización verde siempre que tiene oportunidad.
Conceptos como la participación de toda la comunidad eclesiástica, no sólo la de los vértices que acumulaban riquezas y poder desde Roma, han revolucionado el funcionamiento del clero. Un claro ejemplo de ello fue el Sínodo de los obispos que inició en otoño de 2023, en el que participaron por primera vez las mujeres, y cuyos puntos de discusión incluyeron aportaciones de todas las diócesis del mundo. En ese gesto se encuentra una gran metáfora de este pontificado y del Papa que habla al sur global.

El Papa, en Ciudad de México, el 13 de febrero de 2016.

(*) Periodista especializada en el Vaticano.