
Hay edificios que trascienden su función original. El Mercado 3 de Febrero es uno de ellos. Inaugurado el 20 de enero de 1944 durante la gestión del intendente Ambrosio Artusi, ocupa más de 2.430 metros cuadrados en pleno corazón de Concepción del Uruguay y forma parte de la memoria colectiva de generaciones de uruguayenses. Por eso, cuando hablamos del Mercado, no estamos discutiendo solamente el destino de un edificio. Estamos hablando de una parte de nuestra historia y, sobre todo, de una oportunidad para nuestro futuro.
Creo que existe un amplio consenso sobre un punto: el Mercado merece recuperar el protagonismo que alguna vez tuvo. La verdadera discusión nunca fue si debía recuperarse, sino cómo hacerlo posible.
La respuesta no era sencilla. Recuperar un edificio de estas características requiere una inversión que hoy el Municipio, como ocurre en la mayoría de las ciudades argentinas, no está en condiciones de afrontar con recursos propios. En un contexto económico donde todavía cuesta atraer inversiones de largo plazo, el hecho de que cuatro grupos empresarios hayan mostrado interés en desarrollar un proyecto para este espacio ya constituye una buena noticia para Concepción del Uruguay.
Dos iniciativas privadas se presentaron durante el año pasado y dieron origen a distintas reuniones de trabajo. Posteriormente, al abrirse el procedimiento competitivo previsto por la ordenanza, esos grupos decidieron no continuar y fueron otros dos los que finalmente presentaron sus propuestas, las cuales hoy siguen siendo evaluadas. Más allá de ese recorrido, lo verdaderamente importante no es cuántos proyectos hubo, sino cómo una ciudad decide analizarlos.
Porque cuando una empresa evalúa invertir millones de dólares en una ciudad, no observa únicamente un edificio o una oportunidad comercial. También analiza si existen reglas claras, procedimientos previsibles e instituciones confiables.
Ese es justamente el motivo de esta columna. No pretende anticipar cuál será el proyecto finalmente seleccionado ni defender una propuesta determinada. El proceso continúa y todavía restan etapas por cumplir. Mi intención es compartir con la comunidad una experiencia que considero valiosa, ya que probablemente se trate de la primera aplicación de esta magnitud del régimen de Iniciativas Privadas en nuestra ciudad.
Si bien la ordenanza existe desde hace años, nunca antes se había aplicado en un proyecto de estas características. En cierto modo, la propia Comisión también fue construyendo experiencia mientras avanzaba el proceso, procurando interpretar la norma respetando su objetivo: promover la participación de la inversión privada en proyectos de interés público.
Uno de los aspectos que más valoro fue la integración de la Comisión. En ella participan representantes del Departamento Ejecutivo junto con los presidentes de todos los bloques políticos del Honorable Concejo Deliberante. Es decir, todas las expresiones políticas de la ciudad tienen participación en el análisis de las propuestas.
Como toda columna de opinión, estas reflexiones expresan exclusivamente mi visión sobre el proceso, construida desde el lugar que me toca ocupar como integrante de la Comisión de Iniciativas Privadas. No buscan representar la opinión de los demás miembros de la Comisión, quienes legítimamente pueden tener apreciaciones o énfasis diferentes, sino compartir con la comunidad mi experiencia y las razones por las cuales considero importante explicar cómo se ha desarrollado este procedimiento.
Desde el inicio procuramos que cualquier persona o empresa interesada encontrara las mismas condiciones, con diálogo, igualdad de oportunidades y reglas claras. Para ello mantuvimos reuniones con los distintos grupos interesados, analizamos la sustentabilidad económica de cada propuesta, su impacto urbanístico, la preservación patrimonial del edificio y las futuras intervenciones que deberán realizar tanto las áreas técnicas del Municipio como los organismos provinciales competentes.
Entendimos además que un edificio tan emblemático merecía ser analizado también desde distintas miradas de la comunidad. Por ese motivo se invitó al Centro Comercial, Industrial y de la Producción, al Colegio de Arquitectura y Urbanismo, al Colegio de Profesionales en Turismo y al Consejo Profesional de Ciencias Económicas. Durante dos jornadas, ambas propuestas fueron expuestas ante estas instituciones, cuyos representantes pudieron formular preguntas, realizar observaciones y aportar sus opiniones. No era una instancia obligatoria; fue una decisión deliberada para ampliar la participación, fortalecer la transparencia y procurar el mayor consenso posible en torno al futuro de un patrimonio que pertenece a todos los uruguayenses.
A lo largo de estos meses nunca buscamos responder cuál era el proyecto que más nos gustaba en términos personales. La pregunta siempre fue otra: ¿cuál de las propuestas puede generar el mayor valor para Concepción del Uruguay? La respuesta no depende únicamente de un buen diseño arquitectónico. También contempla la recuperación del patrimonio, el impacto comercial, el potencial turístico, la generación de empleo, la sustentabilidad económica y la posibilidad real de que el proyecto pueda ejecutarse y mantenerse en el tiempo.
Muchas instituciones y vecinos han acercado ideas muy valiosas sobre qué hacer con el Mercado. Todas enriquecen el debate y reflejan el afecto que la comunidad siente por este edificio. Pero entre imaginar un proyecto y hacerlo realidad existe un paso decisivo: encontrar quién esté dispuesto a financiarlo, asumir el riesgo económico y sostenerlo durante muchos años. Ese es precisamente el desafío de cualquier iniciativa público-privada.
La inversión privada no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para recuperar patrimonio, generar empleo, revitalizar espacios urbanos y crear oportunidades que muchas veces el Estado, por sí solo, no puede concretar. La responsabilidad pública consiste en garantizar que esa inversión se desarrolle con reglas claras y procurando siempre el mayor beneficio para toda la comunidad.
La Comisión de Iniciativas Privadas todavía no ha concluido su tarea. Una vez finalizado el análisis emitirá un dictamen técnico de carácter no vinculante. La decisión final corresponderá al Presidente Municipal, quien contará además con el asesoramiento de las áreas jurídicas, económicas, financieras, de planeamiento y patrimonio. Luego comenzará un desafío igualmente importante: controlar el cumplimiento de las inversiones comprometidas para que, al finalizar el plazo de la concesión, la ciudad reciba un Mercado recuperado y fortalecido como patrimonio arquitectónico, comercial y cultural.
Más allá de cuál sea finalmente la propuesta elegida, este proceso deja una enseñanza que trasciende al propio Mercado. Las ciudades compiten todos los días por atraer inversiones, talento y oportunidades. Y para lograrlo no alcanza con tener edificios valiosos o buenas ideas. También necesitan instituciones que generen confianza.
Confianza para quienes invierten, porque saben que encontrarán reglas claras y procedimientos previsibles. Confianza para las instituciones de la comunidad, porque pueden participar y enriquecer las decisiones. Y confianza para los ciudadanos, porque saben que las grandes decisiones se construyen mediante procesos transparentes y orientados al interés general.
Si logramos consolidar esa forma de trabajar, el Mercado 3 de Febrero habrá sido mucho más que la recuperación de un edificio histórico. Habrá demostrado que Concepción del Uruguay puede fortalecer una cultura institucional capaz de atraer inversiones, preservar su patrimonio y generar nuevas oportunidades para las próximas generaciones. Porque las ciudades también se desarrollan cuando construyen confianza.
(*) economista y concejal.










