El gobierno intentó capitalizar el regreso de Nahuel Gallo ocultando el rol de la AFA

En una conferencia de prensa guionada en la sede de Gendarmería, el cabo Nahuel Gallo, liberado tras 448 días de detención en Venezuela, agradeció al gobierno por sus gestiones y evitó mencionar a la AFA y a Claudio «Chiqui» Tapia, actores clave en las negociaciones que lograron su regreso, en un intento oficial de colgarse la medalla de un rescate en el que la Cancillería y el Ministerio de Seguridad estuvieron al margen.

La puesta en escena, encabezada por la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, el canciller Pablo Quirno y el jefe de Gendarmería Claudio Brilloni, tuvo como objetivo mostrar al gobierno como artífice de la liberación. Sin embargo, Gallo -bajo presión por su dependencia laboral de la fuerza- siguió un libreto que le ordenó agradecer al Estado y omitir cualquier referencia a la AFA, el exembajador Oscar Laborde y la diputada Marcela Pagano, verdaderos gestores del operativo a través de contactos con la presidenta Delcy Rodríguez y el titular de la Federación Venezolana de Fútbol, Jorge Giménez Ochoa.



Quirno incluso agradeció a Estados Unidos e Israel por supuestas gestiones inexistentes, y se enteró por la red X de que Gallo ya estaba en el avión de regreso. La Cancillería, que mantuvo una política de denuncias sin avances, no movió un dedo. La AFA alquiló el avión que trajo al gendarme.

Gallo declaró que «el Estado argentino pidió por mí» y pidió por los presos de la cárcel Rodeo I, pero evitó dar detalles sobre su polémico ingreso a Venezuela por un paso peatonal poco habitual. La conferencia, sin preguntas de periodistas, fue un intento burdo de capitalizar un rescate ajeno, que dejó expuesta la inacción oficial y el uso político del gendarme.