El changuito vacío también tiene mapa

Las ventas en supermercados cayeron en los ocho meses de 2026. Mientras las provincias petroleras sostienen el consumo, el Litoral, el NEA y el conurbano pagan el ajuste en la góndola.

Por Gustavo Reija (*)

El INDEC publicó la Encuesta de Supermercados de agosto y el dato confirma lo que cualquier vecino percibe al pasar por la caja: se compra menos. Las ventas a precios constantes cayeron 3,7% interanual y acumulan una baja de 2,8% en lo que va del año. No hubo un solo mes de 2026 con números positivos. La tendencia de fondo, que el organismo mide filtrando las oscilaciones de corto plazo, encadena diecisiete meses consecutivos en descenso.



Hay un dato todavía más elocuente. En agosto de 2026 los supermercados vendieron 3,4% menos que en agosto de 2024, el año de la recesión más dura. Todo lo que el consumo había recuperado en 2025 ya se perdió.

La explicación aparece en la propia encuesta. El ticket promedio subió 15,8% en un año, pero los precios en góndola aumentaron 29%. Cada compra lleva menos productos. Y la forma de pagar dice mucho: las ventas con tarjeta de débito, que es la plata del sueldo, crecieron apenas 14%, muy por debajo de los precios. La tarjeta de crédito ya financia el 43% de lo que se vende, y lo que más crece es el efectivo (35,2%) y las billeteras virtuales (50,2%). El salario formal no alcanza, la cuota tapa el agujero y la informalidad gana espacio en la caja.

Ajuste abajo, premio arriba

El sector también ajusta puertas adentro. El personal ocupado cayó 4,5% en un año, lo que equivale a unos 4.500 puestos menos. La reducción se concentró en cajeros y repositores (-5,2%), mientras los cargos jerárquicos aumentaron levemente. La brecha salarial es igual de marcada: el salario de los cajeros subió 8,3%, lo que implica una pérdida de alrededor de 16% de poder de compra, y el de los gerentes, 19,3%.

El economista polaco Michał Kalecki advertía hace casi un siglo que los trabajadores gastan lo que ganan. Por eso, cuando los salarios pierden contra los precios, la demanda se contrae y las empresas venden menos, lo que a su vez las lleva a recortar personal. El círculo se retroalimenta. Lo que muestra la encuesta de supermercados es ese mecanismo funcionando en tiempo real.

Dos países en la misma góndola

La foto nacional esconde una diferencia que en el interior se vive con toda crudeza. Las ventas por habitante en Tierra del Fuego, Santa Cruz y Neuquén superan los 185.000 pesos mensuales. En Santiago del Estero, Chaco y Misiones no llegan a 20.000. Entre Tierra del Fuego y Santiago del Estero, los dos extremos, la distancia es de más de trece veces.

La dinámica refuerza la brecha. Solo tres jurisdicciones lograron que sus ventas nominales crecieran por encima de los precios: Neuquén (33,6%), La Pampa (30,9%) y Río Negro (30,7%), todas vinculadas al circuito de Vaca Muerta. En el resto del país la góndola perdió en términos reales. En Entre Ríos las ventas subieron 21,1%, ocho puntos menos que los precios, lo que supone una caída real cercana al 6%. En el conurbano bonaerense la baja ronda el 8%, en Corrientes el 10%, en Chaco el 11% y en Misiones supera el 16%.

El sueco Gunnar Myrdal, premio Nobel de Economía, describió este fenómeno como causación circular acumulativa: cuando una región concentra la actividad dinámica, atrae inversión, empleo y consumo, y las demás quedan rezagadas en un proceso que se profundiza solo si nadie lo corrige. Sin políticas activas, el mercado no tiende a equilibrar territorios; tiende a separarlos.

El Estimador Mensual de Actividad Económica del mismo mes completa el cuadro. La economía cayó 1,7% interanual, y el único gran motor fue la minería, que creció 11,1%. Comercio, industria y construcción, los sectores que más empleo generan en provincias como Entre Ríos, retrocedieron.

Lo que el mercado no resuelve

La Argentina tiene un boom de recursos naturales que genera divisas como pocas veces en su historia. Pero esa riqueza se concentra en pocos territorios y no se derrama hacia el resto de la economía. El Litoral, con su agroindustria, sus pymes y su comercio, no recibe el impulso que necesita, porque el crédito es caro y escaso, los salarios pierden y la obra pública está paralizada.

Revertir este proceso requiere decisiones deliberadas: crédito productivo para que las pymes del interior tengan capital de trabajo, infraestructura que integre las economías regionales a las cadenas de valor del petróleo, la minería y el agro, y una recuperación del salario real que vuelva a mover el consumo local. Sin eso, el país seguirá funcionando a dos velocidades, con provincias que crecen al ritmo del petróleo y otras que se vacían góndola por góndola.

Estabilizar los precios era necesario. Pero un país que estabiliza la nominalidad mientras vacía el changuito de la mayoría de sus provincias no está desarrollándose. Está, apenas, sobreviviendoo.

(*) Economista | CEO de Netia Group