El amor, la pandemia y la guerra.

Por Ana Hernández

Una tregua: Dicen que de buenos amores nacen malos poetas y de los malos la literatura. Ese es el amor romántico que atraviesa los últimos 200 años de historia. Van por caminos siempre separados la literatura y la felicidad. Los despojos del amor romántico, la escasa educación sentimental y la incertidumbre en tiempos de guerra.

El que no sabe de amores no sabe lo que es martirio dice la Llorona, y la Luna y los campos de lirios, eso dice la canción. Nos educaron para los amores y vínculos de otra época. “Hemos perdido esa empatía y sensibilidad por los demás, porque concentramos toda nuestra energía en la no enfermedad, ni siquiera en la salud, nos hallamos en la perspectiva de la supervivencia”, subraya Montes de Oca Zavala. Manifiesta que actualmente se viven situaciones destructivas que no están relacionadas con el amor, como nuestra interacción con la naturaleza y el capital natural. Tampoco debemos perder de vista la emergencia de movimientos sociales que incluso con la pandemia se hacen notar, que apelan a relaciones amorosas, igualitarias en materia de derechos, con una gama de diversidad y formatos.

La socióloga y demógrafa universitaria indica que debemos pensar los vínculos afectivos, porque dentro de los hogares hay violencia. La gente está cansada, nuestra salud mental agotada. La también expresidenta de la Asociación Latinoamericana de Población asegura que se debe apelar a la libertad, a romper con esa reproducción del amor romántico sumiso y subordinado, que se propicia a partir de la lógica mercantil. Para los expertos es urgente reparar el daño que la violencia; la pandemia y ahora la incertidumbre de la guerra con la carencia de los alimentos le hacen al amor.

Este es un tema que ocupa poco lugar en los medios de comunicación. Es necesario activar las ideas, las reflexiones y pensar su construcción con la cultura, la naturaleza y con otros seres humanos. Atreverse a decirlo sin el temor de quedar menos científica por mencionarlo. Aunque las profecías, en general, no suelen cumplirse, y la pandemia nos lo ha dejado bastante claro, es cierto que son inevitables porque nos gusta fingir que controlamos el devenir de las cosas. Muchas voces se han alzado en los últimos tiempos aventurándose a decir que quizá, tras las restricciones, el miedo y los estados de alarma, nos dirigimos hacia otros “felices años 20” en los que disfrutaremos de una fiesta continua como lo hicieron nuestros antepasados acabada la Primera Guerra Mundial.

Muchas otras voces también han querido pronosticar cómo nos comportamos en el plano amoroso y sexual. El año pasado, algunos medios registraron que en los sitios web de citas comenzaba a ponerse de moda el mostrar los test de anticuerpos del coronavirus, como un valor añadido de atractivo sexual. Al fin y al cabo, nuestra relación con los demás ha cambiado, y las parejas no son la excepción. Lo único claro es que la gente está deseando socializar y quizá, en lugar de hablar sobre la actividad sexual a corto plazo, deberíamos hacerlo sobre cómo la pandemia ha afectado la forma en que construimos relaciones, pero a largo plazo.

Por su lado el psicoanalista y escritor Luciano Lutereau dice que “En este siglo hay mucho desencuentro amoroso. Resulta difícil pensar que la pareja implique conflicto sin plantearlo como patológico. La búsqueda permanente del ideal de la pareja «sana», va a contrapelo del carácter imperfecto y concreto de los vínculos humanos. Mucha letra y consejos a la medida de nuestros miedos, que ponen la carga sobre cómo el otro debería ser con nosotros, sin que nos demos cuenta de que eso refuerza nuestra actitud defensiva. Pienso que esta puede ser una vía, entre otras, para explicar por qué hay tanto desencuentro”.

Creo que esto se comprueba en el modo en que de un tiempo a esta parte estamos más que preocupados por tener tips para reconocer relaciones ‘sanas’; es decir, nos hemos vuelto todos un poco especialistas en vínculos, psicólogos espontáneos, que al mismo tiempo se relacionan hacen una evaluación terapéutica de la relación. Él dice: “nunca fuimos tan libres para amar, nunca estuvimos tan poco abiertos al amor”.

Yo digo que venimos golpeados, rotos y descocidas. Merecemos una tregua.