Editorial. Influencia

A las redes sociales se las suele culpar por la creciente polarización política. ¿Se merecen esa reputación? Un nuevo estudio del Centro Stern de Empresas y Derechos Humanos de la Universidad de Nueva York concluye que sí. “Concluimos que Facebook, Twitter y YouTube no son la causa original o principal de la creciente polarización política, un fenómeno que es anterior a la industria de las redes sociales. Pero el uso de esas plataformas intensifica la división y, por lo tanto, contribuye a sus corrosivas consecuencias”, dice el informe.
Sin reformas internas o gubernamentales, dicen los investigadores, el odio partidista seguirá teniendo «consecuencias nefastas», incluida una mayor pérdida de confianza en las instituciones, una continúa proliferación de la desinformación y la violencia.
Los investigadores recomiendan varias reformas, incluida la inversión en plataformas y redes sociales alternativas y la intervención de los organismos nacionales para hacer cumplir los estándares. “La amenaza a la democracia es real”, dice el informe titulado “Alimentando el fuego” y publicado este mes (https://bit.ly/3zaG3LE).
“Las empresas de redes sociales no pueden rescatar a los estados de sí mismos, pero estas empresas pueden y deben reformar sus prácticas” cuando provocan daño a la democracia. “A la luz de la incapacidad de la industria de comprometerse en una autorregulación vigorosa, es el momento de que los gobiernos intervengan”, sentencia.
El estudio concluye que la influencia de las redes sociales no sólo impulsa la polarización, sino que también “mancha la política y erosiona las normas democráticas fundamentales”. Resalta también que las noticias falsas y los comentarios que promueven la idea de que los adversarios políticos deben mantenerse alejados del poder, generan un “antagonismo extremo entre ‘nosotros’ y ‘ellos’, que socava los valores democráticos y amenaza la convivencia ciudadana”.
Según explican sus autores, el Centro ha realizado este trabajo porque el funcionamiento de las redes sociales y las plataformas digitales “afectan los derechos humanos fundamentales, incluida la libertad de expresión y participación en elecciones libres y justas”.
Y aclaran que si bien Facebook “no es necesariamente más culpable que las otras plataformas”, se enfocan en ella por tres razones: “es el jugador más grande en la industria, con casi 2.900 millones usuarios de su plataforma principal y 1.000 millones en su plataforma Instagram”. Y porque además, “aunque ninguna de las principales plataformas ha sido particularmente transparente, Facebook ha proporcionado más información para que analicemos, en comparación con rivales como YouTube y Twitter, que también son parte del problema”.