El caso de los Papeles del Pentágono (1971) estableció que, incluso en tiempos de guerra, el gobierno de EE.UU. no puede prohibir una publicación alegando que es una amenaza para la seguridad nacional. La Corte Suprema de Justicia sentenció: “La palabra ´seguridad’ es una generalidad amplia y vaga cuyos contornos no deben invocarse para derogar una ley”.
Pero 50 años más tarde la Casa Blanca, con el apoyo de los dos partidos, Demócrata y Republicano, quiere prohibir la plataforma de redes sociales TikTok.
Alrededor de 150 millones de estadounidenses, incluidos muchos periodistas, lo usan para comunicarse. La prohibición propuesta se basa en la especulación de que su empresa matriz, ByteDance, compartirá datos con el gobierno chino para espiar a EE.UU. No hay evidencia de que eso esté sucediendo. De todos modos, nadie puede explicar cómo los datos de TikTok en manos de espías chinos, por malvados que sean, crearían una amenaza grave, inminente e inevitable como para justificar la censura. El gobierno de Joe Biden no ha publicado ninguna prueba de que el gobierno chino haya secuestrado los algoritmos de TikTok para hacer propaganda anti norteamericana o amenazar a Washington. Sin embargo, los defensores de la prohibición abogan por eliminar la aplicación por si acaso.
Esta prohibición tendrá un impacto directo en el periodismo, no sólo en EE.UU. sino en todo el continente. Miles de periodistas y medios de comunicación utilizan TikTok para compartir noticias generadas en el país del norte.
Es curioso que las grandes corporaciones y asociaciones de periodistas y editores no hayan puesto el grito en el cielo por este brutal ataque a la libertad de expresión. ¿Cuál sería la actitud de esas entidades si fuera el gobierno de Venezuela el que pretendiera prohibir TikTok? ¿Por qué no sientan posición los grandes medios monopólicos del continente? ¿Por qué no salen los periodistas y editores argentinos con una bandera que diga ‘queremos preguntar’?
Si aceptamos los argumentos para prohibir TikTok, ¿qué vendrá después? ¿Prohibiciones en los sitios web de noticias extranjeras que rastrean los clics y los comentarios de los estadounidenses? Por ejemplo, The Guardian debe tener una mina de oro de información sobre los millones de estadounidenses que lo leen todos los días. Claro, parece absurdo que The Guardian entregue esa información al gobierno del Reino Unido. No es un medio tan pusilánime como Facebook que sí entregó información sensible al Pentágono. Y más de una vez.









