¿Dónde estará el Acta Fundacional de esta ciudad?

Por Orlando Busiello



Fines de junio de 1783, la tarde se ha esfumado entre un mar de sombras a orillas del río Uruguay, y el bullicio del monte y de las islas cerró sus alas a un profundo silencio. El rigor de la estación hizo que tempranamente los vecinos del Arroyo de la China buscaran refugio en el rancherío de adobe y paja, donde los candiles lentamente habían comenzado a encenderse. Aquel 25 de junio el ayudante mayor del Regimiento de Dragones de Almanza don Tomás de Rocamora, ordenó a su asistente encender el fogón y acomodándose junto a una precaria mesa inicio un oficio dirigido a la autoridad máxima del Virreinato del Río de la Plata. Era el Comisionado del Virrey José Vertiz y Salcedo quien le había encomendado la fundación de pueblos en la región. Rocamora después de largas jornadas pudo ese día elevar el informe correspondiente a todo el trabajo realizado en el Arroyo de la China, siguiendo los mismos procedimientos que utilizó para la fundación de la villa de Gualeguay. Atrás quedaba la elección del terreno en la lomada, media legua al Nordeste del asentamiento primigenio.
Luego no fue fácil convencer a los pobladores del traslado, proceder al desmonte, amojonamiento, trazado de calles, elección de los integrantes del primer cabildo, reparto de solares, etc. Y, finalmente, peticionar la autorización del virrey para que el nuevo pueblo llevara el nombre de la “Purísima Concepción” como tributo a la Santísima Virgen todo estaba hecho, el paraje del Arroyo de la China se había convertido gracias a su capacidad y empeño en la villa de Concepción del Uruguay.
El 12 de julio de 1783 el virrey desde Montevideo dicto una resolución avalando lo efectuado por su Comisionado, diciendo entre otras cosa: “Apruebo las elecciones para el nuevo Pueblo del Arroyo de la China, que deberá titularse la Concepción del Uruguay”.
Ayudante Mayor del Regimiento de Dragones de Almanza don Tomas de Rocamora
A partir de ese momento Concepción del Uruguay comenzó a forjar su destino demostrando rápidamente sus pobladores laboriosidad y progreso, algo que fue reconocido por las autoridades españolas, quienes hicieron comparaciones entre las tres villas fundadas en lo que hoy es la provincia de Entre Ríos.
Curiosamente aquel informe de Rocamora elevado el 25 de junio de 1783, que se ha tomado y admitido como fecha de fundación de la ciudad, no representa acta de fundación, pues aquel informe no es otra cosa que la exposición escrita al virrey de lo actuado “ad referéndum” de su autorización definitiva.
El prestigioso historiador Juan José Segura expreso en su obra sobre Tomas de Rocamora, refiriéndose a ese informe y la fundación de Concepción del Uruguay: “…resulta evidente que el documento no permite deducir esa data fundacional. No se dice entonces se haya elegido el Cabildo, ni cuando empezaron las tareas, ni que días concluyeron, ni en qué momento se inició el reparto de solares, de los que, a ese 25 de junio se habían entregado. Pero es la única fecha aproximada que se tiene puesto que no se conoce acta de fundación”.
Por su parte el académico y reconocido profesor Oscar Fernando Urquiza Almandoz, en su enjundiosa historia de la ciudad, manifestó: “Lamentablemente, al igual que lo ocurrido con la fundación de Gualeguay, no se ha podido hallar el acta de elección del primer cabildo uruguayense”.
La desaparición del acta fundacional de Concepción del Uruguay dio pie para que aparecieran en el tiempo otras fechas, que no pudieron ser respaldadas fehacientemente y por lo tanto desestimadas.
Lo llamativo es que no solo desapareció el acta fundacional de Concepción del Uruguay, sino también las de Gualeguay y Gualeguaychú. Villas todas creadas en 1783 por don Tomás de Rocamora.

¿Qué ocurrió realmente?
A poco de estallar la Revolución de Mayo, el Cabildo de Concepción del Uruguay fue uno de los primeros del virreinato en adherir a la causa patriota siguiéndole las demás villas y pueblos entrerrianos. De esta forma se transformó desde los albores del movimiento revolucionario en una atalaya de libertad en la lucha contra la corona española.
Rotas las relaciones entre la Junta de Buenos Aires y el Gobierno de Montevideo a cargo del mariscal Gaspar de Vigodet. Los españoles decidieron enviar a mediados de octubre de 1810 una flotilla para apoderarse del territorio entrerriano como parte de un plan mucho más vasto y peligroso para la causa Mayo.
Con ese objetivo el avezado marino español Juan Ángel Michelena remontó el río Uruguay, mientras unos 300 soldados y tres cañones por tierra se dirigieron a Paysandú.
En los primeros días de noviembre la fuerza invasora se concentró en la orilla oriental del rio y el 6 de noviembre de 1810 después de un desembarco si mayor oposición tomó Concepción del Uruguay. Militaban entonces al servicio de España algunos criollos que muy pronto cambiarían de bando convirtiéndose en relevantes personajes de la patria naciente, nos referimos a José Gervasio Artigas y José Rondeau.
El comandante general de los partidos de Entre Ríos, Doctor José Miguel Díaz Vélez, designado por el general Belgrano en reemplazo de don Josef de Urquiza (padre del prócer) que había renunciado y se mantuvo fiel a la causa de España fue informado del desembarco. Teniendo en cuenta las escasas fuerzas de las que disponía decidió retirarse ordenadamente rumbo a la Bajada del Paraná.
La entrada de los realistas en la villa produjo la adhesión de un nutrido grupo de españoles que continuaban leales al Rey, y por lo tanto, colaboraron decididamente con los invasores.
El jefe realista cambio las autoridades del Cabildo, convoco a los vecinos exigiendo obediencia bajo pena de muerte y procedió a decomisar el armamento.
Michelena después de asegurase que no sería contraatacado, avanzó en el territorio entrerriano y tomo sin lucha las villas de Gualeguaychú y Gualeguay, amenazando con desplegar sus fuerzas hacia Nogoyá y la Bajada del Paraná.
Así finalizó el año 1810, con las villas fundadas por Rocamora nuevamente bajo dominio español.
Sin embargo, esta situación no duraría mucho tiempo, un sentimiento de autonomía comenzó hacerse carne entre nuestros paisanos. Además, surgió el ferviente deseo de oponerse tenazmente a la usurpación del suelo nativo. Nacieron de esta forma los caudillos lugareños, hombres capaces de hacerse escuchar encendiendo en el alma de los pueblos el deseo de liberación y predisponiéndolos a sumarse a la lucha que estaba por iniciarse.
Michelena se dio cuenta de la situación que cada vez se hizo más insostenible, y comenzó su repliegue buscando la costa del río Uruguay, cumpliendo además con estrictas órdenes recibidas desde Montevideo.
Estos dos hechos, vinieron a facilitar la recuperación de las villas en los primeros meses del año 1811 que nuevamente se sumaron a la revolución.
Cuando el comandante de la flotilla española estuvo de regreso en Concepción del Uruguay dispuesto a reembarcarse con sus tropas, vanos fueron los pedidos de los cabildantes españoles y de aquellos que se habían enrolado en la causa del rey para que este no los dejara desamparados. Por tal motivo varios conspicuos realistas de la villa regresaron con Michelena refugiándose detrás de los muros de la fortaleza de Montevideo.
El 7 de marzo de 1811 Bartolomé Zapata entró triúnfate en Concepción del Uruguay recuperando la villa para la causa de la libertad.
Fue precisamente en aquella retirada, según coinciden la gran mayoría de los historiadores, cuando el comandante de la flotilla Juan Ángel Michelena saqueó los archivos de los cabildos y se llevó a Montevideo documentación valiosa.
El destacado historiador César B. Pérez Colman señalo al respecto: “De los archivos de los Cabildos organizados a fines del Siglo XVIII en los pueblos de Concepción del Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú, solo quedan rastros, pues fueron secuestrados en 1811 por los marinos españoles de la escuadrilla mandada por el Capitán Juan A. Michelena”.
A partir de entonces se perdió el rastro, nadie tuvo más noticias del paradero final de aquellos libros de actas y papeles, pese habérselos buscado durante muchos años especialmente durante el Siglo XX en Montevideo y en España, por pacientes investigadores que no se rindieron y continuaron hurgando en antiguos repositorios documentales.
Dr. José Miguel Díaz Vélez, Comandante General de los Partidos de Entre Ríos
Próximo a cumplir las villas 200 años desde su fundación en 1783, se llevó a cabo en Montevideo una Convención Episcopal. La convocatoria nada tuvo que ver con los pueblos entrerrianos y menos aún con los archivos perdidos. Sin embargo quiso el destino que en una conversación informal entre dos dignatarios de la Iglesia, uno de los prelados al conocer la procedencia de su interlocutor, le manifestó que en un antiguo Convento de Montevideo había observado con curiosidad la existencia de documentación sobre la fundación de Gualeguaychú.
El representante eclesiástico perteneciente a la Diócesis de Gualeguaychú, en conocimiento de lo ocurrido en las villas entrerrianas, se interesó vivamente por conocer de primera mano aquella valiosa documentación.
Impuesto de la misma decidió recuperarlos, logrando el permiso correspondiente y trayéndolos “subrepticiamente” a Gualeguaychú.
Sin duda que entre ellos la aparición del acta fundacional fue un hecho festivo para la comunidad, que recuperaba de esta forma un documento basal para la historia de la ciudad de Gualeguaychú.
Esto no solo confirmó lo que ya se conocía respecto a los archivos secuestrados y llevados a Montevideo, sino además, se interpretó con un criterio lógico, que, encontrada el acta fundacional de Gualeguaychú, bien podrían estar también allí las actas correspondientes a las villas de Gualeguay y Concepción del Uruguay.
Un grupo de historiadores uruguayenses se movió en ese sentido, pero los esfuerzos fueron infructuosos.
Nos cuenta uno de los protagonistas de aquel episodio, que ha pedido reserva de su identidad, que: El primer paso fue contactarse con el eclesiástico de Gualeguaychú, quien, aporto algunos datos un tanto ambiguos. Manifestó, que debido al tiempo transcurrido no recordaba el lugar exacto. Como referencia señalo, que estando en la puerta de aquella iglesia podía observarse el río de La Plata.
A fuerza de ser sinceros debemos convenir que la colaboración fue algo escasa. No obstante el deseo por continuar adelante, no hizo mella y se decidió que uno de los investigadores uruguayenses viajara a la Capital de la República Oriental del Uruguay.
El delgado con la ayuda de algunos parientes residentes en aquella ciudad recorrió todos los lugares posibles, hasta dar con el lugar indicado.
Lamentablemente quienes estaban a cargo de la iglesia o Convento le transmitieron, que toda la documentación solicitada había sido retirada de dicho lugar desconociendo ellos su nuevo destino.
Ante respuesta tan “lapidaria” nuestro comisionado se entrevistó, con uno de los historiadores más prestigiosos del Uruguay, quien termino de sellar todas las expectativas que sobre el caso se abrigaban.
Esta reconocida figura de la cultura, le señalo que en dicha iglesia existió un archivo documental muy importante de la época colonial. Y que el mismo, estuvo interesado en la obtención de algunas partituras musicales de los siglos XVII y XVIII. Lamentablemente cuando quiso acceder a las mismas, se le comunico por parte de la Curia que todo había sido sacado del país, presumiblemente con destino a los Estados Unidos.
De esta forma finalizo aquella búsqueda, que había sembrado tantas esperanzas entre un grupo de historiadores de nuestra ciudad.
Es de esperar que así como Gualeguaychú tuvo su golpe de “suerte”, Gualeguay, y nuestra ciudad lo tengan también algún día recuperando para el patrimonio histórico de la ciudad el Acta Fundacional de la Villa de Concepción del Uruguay.

Por el profesor Orlando César Busiello – Centro Cultural “Justo José de Urquiza”.