Cultura y nostalgia. Cuando los juguetes también contaban historias

Una charla en la UNER propuso recorrer la historia de los juguetes y su vínculo con los cuentos, el cine, la televisión y las nuevas tecnologías.

Hubo un tiempo en que un juguete podía convertirse en un mundo entero. Una figura de acción podía tener una historia propia, un autito podía recorrer durante horas un living convertido en circuito y una muñeca podía ser protagonista de aventuras que no necesitaban más escenografía que la imaginación de un chico. De eso, y de mucho más, se habló este viernes en el Rectorado de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), donde una charla invitó a mirar la historia de los juguetes con una mezcla de curiosidad y nostalgia.

Bajo el nombre “Juguetes y cultura pop: de los cuentos a las pantallas”, la propuesta recorrió la evolución de estos objetos y su relación con las distintas narrativas que atravesaron la cultura popular desde el siglo XX hasta la actualidad. El encuentro combinó una exposición con la participación del público y una muestra de juguetes y figuras de acción de la década del noventa, que rápidamente se transformó en una puerta de entrada a los recuerdos.



La actividad, organizada por la Secretaría de Extensión Universitaria y Cultura de la UNER en el marco del Espacio Cultural para el Encuentro, tuvo como expositores a Alexis Chausovsky, docente de la Universidad e integrante de EDUNER, y Mario Bottarlini, integrante de la Secretaría de Comunicación. El recorrido propuesto fue mucho más amplio que una simple colección de juguetes: permitió observar cómo cada época dejó su marca en la manera de jugar.

Desde los primeros antecedentes del juguete hasta los objetos que hoy llegan acompañados por películas, series, videojuegos y contenidos digitales, hubo una historia de transformaciones. Cambiaron los materiales, las formas de producción y las industrias, pero también cambió el vínculo entre los chicos y aquello que tenían entre las manos.

Una de las cuestiones más interesantes apareció justamente en esa relación entre las historias y los juguetes. Durante buena parte del siglo pasado, un cuento, una película o un dibujo animado podían convertirse en el punto de partida para fabricar un juguete. Pero también ocurrió el camino inverso: hubo juguetes que dieron origen a personajes, historias, libros, series o películas. La frontera entre jugar y consumir una historia se fue haciendo cada vez más difusa.

La tecnología también fue modificando ese universo. Las nuevas herramientas de producción permitieron crear juguetes cada vez más sofisticados y, al mismo tiempo, las pantallas comenzaron a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de las infancias. El juguete dejó de ser necesariamente un objeto aislado para convertirse en parte de un universo mucho más amplio, construido alrededor de personajes y relatos que circulan por distintos formatos.

El recorrido histórico también permitió detenerse en momentos de grandes cambios sociales y tecnológicos. Las guerras y los períodos posteriores tuvieron incidencia en los materiales disponibles, en las industrias y hasta en los propios motivos de los juguetes. Elementos vinculados con el mundo militar, por ejemplo, fueron transformándose en objetos de juego y terminaron formando parte del imaginario infantil de distintas generaciones.

Pero si algo tuvo la tarde del viernes fue una inevitable cuota de nostalgia. Porque frente a una figura de acción, un juguete de los años noventa o un objeto que alguna vez ocupó un lugar privilegiado en un dormitorio, resulta difícil no volver por un instante a otra época. A una infancia en la que jugar significaba inventar reglas, personajes y aventuras sin necesidad de conexión a internet.

La pregunta quedó flotando durante el encuentro: ¿las infancias siguen jugando con juguetes o estos objetos se convirtieron, en buena medida, en piezas de la memoria de los adultos? Tal vez la respuesta no sea tan sencilla. Los juguetes cambiaron, como cambió casi todo alrededor de ellos. Pero detrás de cada transformación permanece algo que parece resistir el paso del tiempo: la necesidad de imaginar.

Y quizás por eso una muestra de juguetes puede decir tanto sobre una sociedad. Porque detrás de cada muñeco, cada vehículo o cada figura de acción hay una época, una tecnología, una industria y, sobre todo, una historia. La de quienes jugaron con ellos y todavía pueden recordar perfectamente dónde estaban cuando aquel pequeño objeto se convirtió, por unas horas, en el protagonista de un mundo enorme.