Cristo de los olivos. Los fieles honraron a Nuestra Señora de Itatí

Fue por medio de la tradicional peregrinación gaucha.

La comunidad de la capilla Nuestra Señora de Itatí celebró su fiesta patronal. Lo hizo por medio de una procesión tradicionalista (a caballo) iniciada desde el Monumento a Urquiza hasta el templo, ubicado en el Cristo de los Olivos. La columna fue encabezada por la carreta en la que se ubicó a la imagen de la Virgen, acompañada de las tropillas de gauchos y paisanas. Desde allí, María bendijo las calles del barrio.
En la oportunidad y durante la celebración de la Eucaristía, los feligreses rezaron por sus familias y la comunidad.

La historia
La historia tiene su origen en una de las orillas del río Paraná en la Argentina.
Los relatos alrededor de la figura religiosa datan del siglo XVI, cuando en los primeros años un grupo franciscano arribó a las costas de tierra, que eran posesión del cacique Yaguarón.
Los visitantes trajeron consigo una imagen de la Inmaculada Concepción, que fue ubicada en el que sería el primer oratorio construido a mano, lugar al que acudían a venerarla los indios guaraníes.
Al pasar el tiempo, una tribu atacó la zona y la estatuilla desapareció sin dejar rastros, aunque apareció días después sobre unas rocas blancas en la costa del río, cerca de la pequeña capilla que le habían construido.
Acto seguido, los guaraníes la devolvieron a su lugar original, pero no tardó en volver a abandonar el sitio. Los lugareños no encontrar otra explicación que no fuera el obrar divino.
La historia se repitió en distintas ocasiones por lo que los franciscanos resolvieron dejarla en el lugar que la habían encontrado, debido a que «era una elección de María» y trasladar la comunidad en la que vivían hacia allí.
En una de las oportunidades que la imagen desapareció, la encontraron posada sobre una piedra que irradiaba luz y, según reza la leyenda, una música de procedencia desconocida acompañaba aquella postal.
Se dice que aquellas rocas eran piedras calizas o blancas, que en guaraní se traduce a itá morotí, dando su abreviación el origen al nombre de la Virgen de Itatí, “punta de piedra”.