Correo de Lectores

Señor director:

Como un vecino más de Concepción del Uruguay, escribo estas líneas con profunda tristeza y preocupación. Basta con recorrer nuestras calles principales para ser testigos de una realidad que duele: el comercio local se está hundiendo. Negocios vacíos, persianas bajas y la angustia palpable de quienes luchan por sobrevivir son el paisaje que define hoy a nuestra ciudad.



La falta de clientes y las ventas en picada han llevado al cierre de numerosos comercios, muchos de ellos emblemáticos. Rubros diversos, desde indumentaria hasta blanquería, se ven obligados a bajar sus persianas, dejando a su paso locales vacíos que, en muchos casos, son rápidamente ocupados por otros emprendimientos que no logran superar la barrera de los pocos meses. ¿Qué está pasando? ¿Por qué nuestros comerciantes no pueden sostenerse?

Lo más alarmante es que, al hablar con algunos de estos comerciantes que ven cómo sus negocios se desmoronan, muchos de ellos se muestran optimistas con la situación política y económica actual. Creen que «se están haciendo cosas que se tenían que hacer» y que, tarde o temprano, los beneficios llegarán. Esta actitud, que raya en la resignación, me llena de indignación. ¿Cómo es posible que quienes están perdiendo su fuente de ingresos sigan apoyando las políticas que los llevaron a la quiebra?

Mientras tanto, la desocupación aumenta y la economía local se resiente. Algunos se refugian en la especulación con el dólar, transformando sus comercios en improvisadas casas de cambio. Otros, simplemente, se resignan a vivir de los ahorros que pudieron acumular en tiempos mejores.

Es hora de que la sociedad uruguayense tome conciencia de la gravedad de la situación. No podemos permitir que nuestro comercio local siga agonizando. Necesitamos políticas que fomenten el consumo, que protejan a nuestros emprendedores y que generen oportunidades de empleo. La apatía y la resignación no son el camino. Debemos exigir a nuestros representantes que actúen con responsabilidad y que pongan en marcha medidas concretas para revertir esta crisis.

Santiago Terrón

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Señor director:

Quiero expresar mi preocupación y, al mismo tiempo, una reflexión sobre un sector muy transitado de nuestra ciudad. Me refiero al tramo de las vías que va desde debajo del puente Tropezón hasta la zona portuaria.

En estos días se realizaron tareas de limpieza: se quitaron árboles, malezas y arbustos que tapaban la visual. El resultado dejó en evidencia algo que, lejos de alegrar, avergüenza: la enorme cantidad de basura acumulada en el lugar. Restos de todo tipo que, ocultos por el monte, hoy aparecen a la vista de todos y hablan de la falta de conciencia ciudadana y de cuidado hacia nuestros espacios comunes.

Ese sector cobra especial importancia porque muy cerca está próximo a abrir sus puertas el Centro Cultural y de Convenciones La Vieja Usina, un proyecto valioso que recupera la antigua Central Caseros para transformarla en un espacio cultural de referencia.

Ojalá que esta primera limpieza no quede en un hecho aislado, sino que sea el inicio de un trabajo sostenido de cuidado, parquización y mantenimiento. Es una oportunidad para que el entorno de La Vieja Usina se convierta en un lugar digno, limpio y agradable para los vecinos y visitantes.

De nosotros, como ciudadanos, también depende no volver a ensuciar lo que tanto cuesta limpiar.

José Sanjurjo