Avanza la investigación por crimen cometido en Colón

Se recabaron datos que comprometen a la expareja, Rubén Martiarena.

En el marco de la investigación por la muerte de Gisela Grispi, declaraciones testimoniales de vecinos y los mensajes que su expareja, Rubén Martiarena, habría enviado desde el celular de la víctima a la madre de la víctima, fueron los principales indicios que despertaron las sospechas de que no se estaba ante una «muerte natural». Además, nadie pasa por alto que hace tres meses, ella lo había denunciado por violencia de género.
La mujer de 39 años fue hallada sin vida en su casa de calle Rufino Mir 80 de Colón. Fue tras un llamado de su madre, quien reside en Buenos Aires, a un vecino. Le pidió que fuera a ver si su hija estaba en su casa. El hombre se asomó y observó la macabra escena, además de sentir el olor putrefacto que salía de adentro. Por esto se convocó a la Policía, que vio desde una ventana el cuerpo de la mujer en el suelo y luego, con la autorización judicial, ingresó para constatar la peor noticia.
Además, hay testigos que ubican a Martiarena en la escena. El viernes una vecina lo vio en la casa de Gisela regando las plantas, pese a que tenía la restricción judicial. Por la noche, hubo personas que escucharon gritos de una fuerte discusión y otros ruidos llamativos. Cabe recordar que el jefe de la Departamental de Policía de Colón, Sergio Goró, dio a conocer que el 31 de agosto el detenido había sido denunciado por Gisela por violencia de género. Además, en octubre la Justicia había establecido para este una restricción de acercamiento.
Karen Kuliat, coordinadora del Área de la Mujer de Colón, dijo a El Entre Ríos: «El área tomó intervención en el caso de Gisela desde hace ya tiempo. Después ella había realizado una denuncia y estaban las medidas. Se la había citado con el equipo, pero a la última entrevista no concurrió. A él hubo que rastrearlo porque no se lo ubicaba, hasta que se lo pudo notificar de las medidas».
«Lo que falla es la Justicia. Las leyes no son suficientes. Si un agresor no quiere cumplir esas medidas, lo puede hacer. No alcanzan ni son suficientes para frenar un hecho como este», afirmó.

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