La detención de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses generó una inmediata y dispar reacción en América Latina, donde gobiernos de distintos signos políticos expresaron desde un fuerte rechazo a la intervención militar hasta un abierto respaldo a la acción de Washington. El episodio volvió a exponer las profundas diferencias regionales en torno a la soberanía, el derecho internacional y el futuro político de Venezuela.
Varios países manifestaron su preocupación por el uso de la fuerza y advirtieron sobre los riesgos de sentar un precedente que habilite intervenciones unilaterales. Brasil y Colombia coincidieron en cuestionar la legalidad del operativo y remarcaron la necesidad de preservar la integridad territorial venezolana, al tiempo que reclamaron una solución política y multilateral en el marco de las Naciones Unidas.
México y Chile también se pronunciaron en contra de la detención, subrayando el principio histórico de no intervención y alertando sobre una escalada que podría desestabilizar aún más a la región. Desde estos gobiernos se insistió en que cualquier salida a la crisis venezolana debe surgir del diálogo y del respeto al derecho internacional.
Uruguay, por su parte, expresó una “seria preocupación” por los acontecimientos y reafirmó su rechazo a toda acción militar extranjera sobre un Estado soberano. La Cancillería uruguaya destacó el compromiso del país con la paz regional y con la resolución pacífica de los conflictos, recordando la vocación histórica de América Latina y el Caribe como zona de paz.
En el otro extremo, algunos gobiernos celebraron la captura de Maduro y la interpretaron como un quiebre decisivo en la situación venezolana. Argentina adoptó una postura favorable al operativo estadounidense, al considerar que se trata de un paso hacia el fin del régimen chavista y una oportunidad para una transición política en el país caribeño.
Mientras tanto, aliados tradicionales de Caracas como Cuba, Nicaragua y Bolivia denunciaron una “agresión imperialista” y ratificaron su respaldo al gobierno venezolano, al igual que otros actores extra regionales que reclamaron el cese inmediato de la intervención.
El abanico de reacciones dejó en evidencia un continente fragmentado frente a uno de los episodios más sensibles de los últimos años. En medio de la crisis, la región vuelve a debatirse entre la defensa estricta de la soberanía, el rechazo a la injerencia externa y las expectativas de un cambio político en Venezuela, en un contexto que promete mantener alta la tensión diplomática en los próximos días.










