Actos que desde lo humano no tienen explicación

Johana Carranza con sus niñas, poco antes del fatídico episodio.
Por Clelia Vallejo
Profesora – Periodista

Hay hechos terribles, inexplicables que involucran comportamientos que escapan a la comprensión de un ser humano capaz de experimentar compasión, empatía y un indescriptible amor por sus hijos. Sin embargo hay personas que llevadas por los celos, la soberbia y un egoísmo superlativo, son incapaces de experimentarlos.
Tal vez esto se pueda aplicar el caso de Juan Pablo Ledesma, quien llegó a exterminar a su propia semilla: sus hijas. Esas hijas que podrían haberle dado nietos y, tal vez, perpetuar su nombre. Pero eligió otro camino, impulsado por sus propios demonios.
No solo terminó con la vida de su ex mujer, Johana Carranza y la de la nueva pareja de la misma, Carlos Vicente Peralta, sino que también cegó las vidas de las dos pequeñas: Candela de 7 años y Luciana, de 5.
El hecho se produjo cerca de la 01 de la mañana, del 4 de noviembre de 2016, en el barrio 134 Viviendas. Ledesma llegó al lugar acompañado de las dos niñas que habían pasado el día con él y sus padres en la ciudad de Basavilbaso. El hombre, al parecer, ya tenía pensado lo que iba a hacer porque les dijo a sus familiares que llevaría a las niñas a tomar un helado y a éstas, que se despidieran de su abuela. Lo que hizo después, fue subir a un colectivo hacia Concepción del Uruguay con las pequeñas.
Llegó en un remís a la vivienda avanzada la medianoche e ingresó al hogar donde encontró a la mujer, de la que estaba separado, con su nueva pareja. Según se ventiló en el juicio, antes la había llamado para preguntarle si estaba con el joven o sola. Una vez dentro de la casa atacó a Peralta con un cuchillo, ante lo cual las nenas y la mujer salieron corriendo de la casa. Ella pedía a gritos a los vecinos que llamaran a una ambulancia, Ledesma atrapó a las chiquitas y volvió a entrar seguido por Johana que gritaba: “¡Las nenas no!”.

Escena dantesca
El chofer del vehículo que trasladó al hombre y las niñas, fue el primero en alertar del hecho a la base para que llamaran a la Policía. También alcanzó a ver que las pequeñas huyeron hacia otra habitación antes de que el sujeto cerrara la puerta de la casa. Acto seguido, Ledesma habría asesinado a la mujer con la misma arma, para luego hacer lo propio con las niñas que se habían refugiado en su cuarto. Al parecer, primero acuchilló a la menor y luego a la mayor. Esta última tenía heridas de defensa. Ella luchó por su vida, pero ¿qué podría haber hecho ante la determinación asesina de su padre? Cometido el horrible episodio, el hombre se propinó una herida, aparentemente con la determinación de suicidarse, y se acostó junto al cadáver de la mujer en la cocina. Abrazado a ella, lo encontró la Policía, todavía vivo.
Al alerta del chofer a su base, se sumaron los llamados de los vecinos a la Policía al escuchar los gritos, pero al parecer la primera patrulla encontró todo en silencio y se fue. Desde Basavilbaso, en tanto, los familiares de Ledesma al notar que no regresaba de la heladería con las chicas, llamaron a su vez a la Policía de nuestra ciudad. Esta vez entraron al domicilio y se encontraron con el dantesco cuadro.
Ledesma estaba vivo, fue atendido y dado de alta a las pocas horas.



Violencia de género
La investigación comprobó que Carranza había denunciado a su marido por violencia de género. Esto llevó a la separación de la pareja y al alejamiento preventivo del hombre, quien veía a sus hijas y compartía tiempo con ellas en casa de sus padres, pero vecinos comentaron que, ignorando las medidas de restricción impuestas por la Justicia, el hombre solía apersonarse en la vivienda que había compartido con su familia.
Según vecinos, hasta poco tiempo antes, todo parecía normal en el matrimonio, incluso asistían a una Iglesia Evangélica ubicada en bulevar Yrigoyen, casi República del Líbano. Allí el pastor informó a LA CALLE que hacía un tiempo ya no concurrían al culto. En el barrio, además, se supo que ambos habían organizado un merendero en su casa.
Tras su separación, Johanna intentó rehacer su vida con su nueva pareja, otro joven del barrio: Carlos Vicente Peralta. La decisión de su expareja enfureció a Ledesma que pergeñó y cometió el horrible cuádruple homicidio.

Juicio y condena
La Acusación consideró que Ledesma había actuado en un contexto de Violencia de Género, desconociendo a su esposa como un sujeto libre de realizar los actos que voluntariamente deseara.
Los argumentos de la defensa para morigerar la condena del acusado, no alcanzaron para lograr su objetivo.
El 21 de febrero de 2018, tras varias jornadas de audiencia, el tribunal le aplicó a Juan Pablo Ledesma, la pena de prisión perpetua por el homicidio agravado por el vínculo en el caso de las dos pequeñas, y por violencia de género agravada por homicidio transversal en el caso de Johanna Carranza y Carlos Peralta.

Hasta las aves callaron
Un par de días después del espeluznante crimen, recuerdo haber pasado por los bulevares 12 de Octubre y Díaz Vélez, lindantes con la Escuela N°36 “Esteban Echeverría”, a la que asistían las niñas. El establecimiento estaba de duelo por el asesinato y, por lo tanto, cerrado. Pero no solo el edificio escolar parecía aletargado, sino también sus alrededores. Sin embargo, hubo algo que me impresionó sobremanera: el silencio. El patio, todos los días plagado del bullicio de los niños, tenía algo de la quietud de un camposanto, y lo peor de todo es que tampoco se escuchaban los pájaros. En torno al establecimiento hay árboles. Sabemos que los árboles son el hogar natural de las aves y que a partir de la primavera pululan por allí y llenan el aire con sus trinos y arrullos. Pues ese día no había ninguno. Hasta la naturaleza parecía petrificada, ahogada en lágrimas ante tanto horror.
De este caso se me desdibujaron nombres, personas, voces… pero nunca pude olvidar ese silencio espeso, oleoso que me salió al encuentro, amenazando con tragarlo todo. Dos ángeles habían subido al cielo envueltos en sangre, víctimas inocentes de su propio padre cegado por sus pasiones.