El destino final de los restos del general

Docente
Si bien el escrito señalaba claramente “R.I.P. Aquí yacen los restos mortales del Excelentísimo señor Capitán General Don Justo José de Urquiza”. Muchos empezaron a preguntarse y a dudar, si realmente como se indicaba en la lápida el féretro se encontraba detrás de la misma o al pie de ella. En la Iglesia no existía ningún documento que manifestara que los mismos, habían sido extraídos de la cripta y colocados en ese lugar.
Muchos recordaron entonces la efervescencia política que vivió la Capital de Entre Ríos nuevamente, al producirse el segundo levantamiento jordanista en 1873, y los temores de doña Dolores Costa que llevaron al trasladar los restos desde el cementerio a la Iglesia de la Inmaculada en agosto de 1871.
Se pensó y no sin razón, que los miedos de la familia Urquiza pudieron movilizarlos a esconder el cajón en otro lugar de la misma iglesia o sacarlos secretamente del templo.
El profesor Oscar Urquiza Almandoz, apunto en su Historia de Concepción del Uruguay: “Los interrogantes surgidos fueron muchos. ¿Se hallarían detrás de la lápida o al pie de ella? ¿Estarían sepultados en la base de una de las columnas del templo o debajo de alguno de los altares?
En 1901 con motivo del centenario del nacimiento del prócer, el Intendente de Concepción del Uruguay; escribano Wenceslao Gadea dio comienzo a la búsqueda que resulto infructuosa.
El 26 de junio de 1955 el diario “La Capital” de Rosario, publico un interesante artículo sobre el particular, donde quien fuera el director del Palacio San José; don Antonio P. Castro, dijo lo siguiente: “Durante largos años, mientras dirigíamos el Palacio San José, realizamos toda clase de investigaciones, ya personales o por persona amiga. Pudimos comprobar fehacientemente que no estaban donde dice la lápida puesta por la viuda en forma tan ostensible y donde se le rinde permanentemente culto a su memoria .Que tampoco se hallaban en las columnas donde se decía, podían estar sepultados. Quedaba la cripta .Y ahí era difícil la búsqueda por la sistemática oposición de las autoridades eclesiásticas. Una vez pudimos mirar el interior de la cripta iluminada por una linterna, sin bajar aclaramos, comprobando lo mismo que en 1901 que allí no había nada visible .Pero nos quedamos en la duda. No solo no aparecía el cadáver del general, sino que tampoco aparecían las tres urnas de sus padres y hermanos y el cajón con los restos de Juan José, a que se refiere el acta existente en la parroquia…”
Como podemos colegir, pese a todos los esfuerzos realizados la incógnita no solo se mantenía sino que además, alimentaba todo tipo de especulaciones al respecto.
Pasaron los años y el lugar exacto donde reposaban los restos del Capitán General Justo J. de Urquiza, siguió siendo un “misterio”. El hecho mantuvo el interrogante de los investigadores reavivándose periódicamente cada vez que se efectuaba una ceremonia en su honor, especialmente, cuando se recordaba el aniversario de su trágico final; cada 11 de abril dentro de la Iglesia de la Inmaculada.
A esta altura de la narración, no podemos dejar de preguntarnos si dentro de la familia Urquiza desconocían realmente lo ocurrido, o todo tuvo que ver con un secreto muy bien guardado…?
Creemos acorde a lo que paso después, que, doña Dolores Costa y sus hijos estuvieron desde siempre al corriente de lo sucedido. Sin embargo, la descendencia aparentemente no recibió testimonio de lo acontecido, o quizás, llegó a sus oídos algún relato vago del episodio que se fue perdiendo con el paso del tiempo.
En los primeros meses de 1951, después de una búsqueda infructuosa de varias décadas, don Antonio P. Castro, continuo diciendo: “Finalmente resolvimos interesar a los nietos del general doctor Luis María Campos Urquiza y don Francisco José Sáenz Valiente, para que intervinieran en su carácter de descendientes directos del prócer y examinaran las paredes de la bóveda subterránea”.
Concedido el permiso correspondiente, los familiares del general mencionados descendieron a la cripta vacía y procedieron a estudiar cuidadosamente sus paredes interiores. No tardaron en comprobar que una de ellas, parecía haber sido levantada con posterioridad al resto de la bóveda. Pared que al ser golpeada, devolvió un sonido hueco dando la clara sensación de que era un tabique divisorio de otro compartimiento.
Sobre el particular nos expresa el profesor Urquiza Almandoz: “Realizada una perforación que aumentara la visibilidad , pudo advertirse la existencia de dos ataúdes y otros restos semidestruidos por el tiempo y la humedad , pero que pudieron ser identificados como pertenecientes a los miembros de la familia Urquiza , por las plaquitas de bronce que conservaban”.
Como es fácil de intuir, si bien aún no se podía aseverar que allí se encontraban los despojos del general Urquiza, todo hizo suponer que se estaba muy cerca de desentrañar el enigma.
Después se supo entre otras cosas, que, la viuda del General Urquiza para levantar el tabique divisorio de la bóveda, utilizó los servicios del señor Natalio Pelletti de nacionalidad italiana, llegado subrepticiamente desde Buenos Aires.
Con la premura del caso y sin tocar absolutamente nada, quienes estaban en esta investigación y los descendientes del ilustre finado llevaron la noticia del hallazgo a la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, debido a que la Iglesia de la Inmaculada es un monumento nacional bajo la protección de dicha institución. Solicitando además la debida autorización para poder continuar adelante y poder certificar realmente la existencia de los restos mortales del Organizador de la Nación.
El 16 de abril de 1951, la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos decidió otorgar el permiso requerido y en la reunión de 14 de junio de ese año, bajo la presidencia de su titular José Torre Revello , procedió a designar una Comisión Especial integrada por : “los vocales señores Farini y Castro, para que , en compañía de los señores Campos Urquiza y Sáenz Valiente, se constituyan en Concepción del Uruguay y verifiquen con el médico forense del Juzgado federal , si los restos últimamente encontrados por los miembros de la familia Urquiza son auténticos y pueden considerarse indiscutiblemente del general Urquiza”. A los nombrados se sumaron como técnicos el doctor Oscar E García de Concepción del Uruguay, y el doctor Ricardo Castro O´Connor, “médico especialista en cirugía plástica, en carácter de ad honorem, venido de la Capital Federal”. El 6 de octubre de 1951, la Comisión Especial y otras autoridades entre las que se encontraban: cura párroco, Zoilo Nicolás Bel; juez nacional de primera instancia, doctor Ventura R. Ojeda Fevre ; doctores en medicina, Ricardo Castro O´Connor y Oscar E. García; designado este como legista por el señor juez nacional; director del Palacio San José, Manuel E. Macchi; administrador del mismo, Tomas Castagnino; secretario del Colegio Nacional del Uruguay, José María Nadal; José A. S. Nadal Sagastume y Enrique Federico Fuchs, procedieron a levantar la losa exterior que sellaba la entrada a la bóveda subterránea.
La cripta media 4,50 por 2,55 metros y 2,55 metros de alto contaba con paredes revocadas en cal totalmente cubiertas de humedad.
En el interior de la misma la Comisión, derrumbo totalmente el tabique, detallando en el acta lo que pudieron observar: “…encontrándose dos ataúdes y varios restos humanos (huesos) así como restos de maderas y metales .Uno de los ataúdes está a nivel del suelo, en una elevación de 0,20 m, cuya tapa de madera ha desaparecido por la acción de la humedad y que se supone contener los restos de don Juan José de Urquiza, hermano del prócer (…) y de una placa con este nombre . Se hallaron en los escombros de madera dos pequeñas chapas de metal con los nombres de Cándida García de Urquiza y José de Urquiza, padres del prócer, lo que hace suponer que corresponden a los restos humanos arriba citados, cuyas urnas de madera han sido destruidas por la acción del tiempo y la humedad (…) Asimismo se hallaron tres vasos votivos, de metal con sus respectivas tapas y numerosos herrajes, cerraduras, manijas y otros adornos.” Luego se puede leer en el acta labrada, lo siguiente: “Sobre dos barras de hierro cuadrangulares de tres centímetros de espesor, colocadas paralelamente detrás del tabique demolido y a un metro de altura del piso, se encontró asentado en ellas un ataúd cuya caja exterior de madera había desaparecido por la acción del tiempo y la humedad, por lo que se presentaba a la vista con una cobertura total de plomo…”
El hallazgo de un féretro recubierto de plomo, era un indicio muy firme de que estaban a pasos de develar el acertijo. Recordemos que la viuda, había tomado esa precaución antes de trasladar el cajón mortuorio desde el cementerio a la Iglesia de la Inmaculada.
Después de descenderlo – dice Urquiza Almandoz- se abrió la cobertura de plomo “…apareciendo una caja de madera de ocho milímetros de espesor .Levantada la tapa de esta se encontró el ataúd, sobre cuya tapa de madera se hallaba una cruz de metal, con la inscripción “Gloria Deo”. Desclavada esta tapa de madera, apareció una caja de zinc, dentro de la cual se hallaba el cadáver, cubierto con una mortaja, esta última en excelente estado de conservación .Apartada esta se vio que el cadáver estaba reducido a estado esquelético, hallándose revestido con pantalón de brin, camisa, chaleco, saco, medias de lana y botines color negro con elásticos en la parte superior”.
A partir de ese momento se inicio el trabajo de los médicos legistas, para determinar fehacientemente si los restos humanos encontrados pertenecían al capitán general Justo José de Urquiza.










