Hardcore melódico. Eterna Inocencia: canciones que no se apagan

Más de tres décadas de recorrido, un disco que marcó un antes y un después y canciones que siguen encontrando nuevas voces para cantarlas. Eterna Inocencia pasó por Concepción del Uruguay con una noche de hardcore melódico, memoria y comunión con un público que volvió a demostrar que algunas canciones no envejecen.

Por: Juan Truffa y Matías Dalmazzo

Hay bandas que sobreviven al paso del tiempo y otras que consiguen algo más difícil: convertirse en parte de la vida de quienes las escuchan. Eterna Inocencia pertenece a ese segundo grupo. El domingo 4 de octubre, en El Arca, la banda de Quilmes volvió a encontrarse con el público de Concepción del Uruguay para celebrar los 25 años de A los que se han apagado, un disco bisagra en su historia y una obra que mantiene intacta su capacidad de emocionar. No fue solamente una fecha más dentro de una gira. También fue una oportunidad para reencontrarse con canciones que acompañaron distintas etapas de la vida de sus seguidores y que, lejos de quedar atrapadas en el recuerdo, siguen encontrando su lugar en el presente.



La noche había comenzado a las 20.30 con Chakota Punk Rock, la banda uruguayense encargada de abrir la jornada y poner en marcha una cita que tenía al hardcore melódico como protagonista. Cerca de las 21.30 llegó el turno de Eterna Inocencia, que subió al escenario para ofrecer alrededor de una hora y media de música. La convocatoria tuvo, además, un marcado carácter regional: entre el público hubo seguidores llegados desde Concordia, Gualeguaychú y otras localidades entrerrianas, junto a los de Concepción del Uruguay. La presencia de gente de distintas ciudades volvió a mostrar que la historia de la banda excede sus lugares de origen y que su música construyó, a lo largo de los años, una comunidad que también se reconoce en las rutas y en los escenarios.

El motivo de la gira era A los que se han apagado, publicado en 2001, un trabajo fundamental dentro de la discografía del grupo. Su importancia no se explica solamente por las canciones que contiene, sino también por el lugar que ocupa en una trayectoria marcada por la independencia, la construcción colectiva y una manera de entender la música que nunca necesitó ajustarse a las reglas del circuito comercial para sostenerse. Sin embargo, la celebración no se limitó a repasar aquel álbum de principio a fin. Eterna Inocencia eligió recorrer distintas estaciones de su historia, como si el aniversario fuera también una excusa para volver sobre el camino que la llevó hasta acá.

En ese recorrido apareció Las palabras y los ríos, otro de los discos centrales de su carrera, con canciones como Viejas Esperanzas. También sonaron Trizas de Vos, A Elsa y Juan, Cuando Pasan las Madrugadas, Le Pertenezco a Sus Ojos, Cartago, Cassiopeia, Abrazo y A los que se han apagado, entre otros temas. Cada canción encontró su respuesta en una sala que acompañó el repertorio y convirtió varios pasajes del recital en un canto compartido. Para quienes siguen a la banda desde hace décadas, estaban ahí las melodías y las letras de una historia conocida; para quienes se sumaron más tarde, la posibilidad de descubrir por qué esas canciones siguen ocupando un lugar tan importante dentro del género.

Porque Eterna Inocencia nunca fue solamente una banda que toca rápido, fuerte y con guitarras al frente. Desde sus comienzos, el grupo construyó una identidad en la que la intensidad musical convive con la sensibilidad de las letras, la amistad, las convicciones y el compromiso social. Esa combinación ayudó a convertirla en una referencia del hardcore latinoamericano y en una presencia reconocible dentro de la escena independiente argentina. Su recorrido también habla de una forma de hacer las cosas: sostener un proyecto propio, construir vínculos con otras bandas y con el público, y seguir adelante sin perder de vista aquello que le dio sentido desde el principio. En un ambiente musical en el que muchas propuestas duran lo que una temporada, cumplir más de treinta años de trayectoria y mantener ese vínculo constituye un mérito que va bastante más allá de la permanencia.

En El Arca, esa continuidad se hizo visible en la convivencia de distintas generaciones frente al escenario. No hacía falta conocer cada detalle de la historia del grupo para entender lo que sucedía cuando el público reconocía una canción y empezaba a cantarla. Había recuerdos personales, noches compartidas, discos escuchados una y otra vez y letras que, con el paso del tiempo, fueron adquiriendo nuevos significados. El hardcore también tiene esa capacidad: detrás del volumen y de la energía, puede convertirse en un espacio de pertenencia. Y en una fecha como esta, dedicada a un álbum que lleva un cuarto de siglo circulando entre oyentes, esa dimensión adquirió un peso especial.

El cierre con Nuestras Fronteras fue uno de los momentos más fuertes de la noche. La sala acompañó la canción de principio a fin y dejó una última imagen de esa relación entre la banda y su público: músicos sobre el escenario y voces que se sumaban desde abajo, sin que importara demasiado quién había llegado primero a la historia de Eterna Inocencia. El recital terminó, pero quedó la sensación de haber compartido algo que no se agota en una lista de temas ni en la celebración de un aniversario. Después de presentarse el viernes en Tucumán y el sábado en Córdoba, Concepción del Uruguay fue una escala más de un recorrido que continuará por la Ciudad de Buenos Aires, Santiago y Valparaíso, Montevideo, Neuquén y Bariloche. La gira seguirá su camino, como lo hizo la banda durante más de tres décadas. Y A los que se han apagado continuará sonando, no solamente como el recuerdo de una época, sino como uno de esos discos capaces de atravesar generaciones. Porque algunas canciones no se apagan: cambian quienes las cantan, cambian los lugares y pasan los años, pero siempre encuentran a alguien dispuesto a hacerlas propias.