Música y producción. Antes de grabar, también hay que aprender a escuchar

Armando “Toto” Riquelme encabezó un taller destinado a músicos y músicas, donde abordó la preparación previa a una grabación, los arreglos, el rol de cada instrumento y la importancia de reconocer los gustos propios al momento de producir una canción.



El taller “Cómo prepararse musicalmente para grabar”, dictado por Armando “Toto” Riquelme, propuso una mirada sobre el trabajo que existe detrás de una canción antes de llegar al estudio. Instrumentos, arreglos, melodías, improvisaciones y gustos musicales fueron parte de una jornada que buscó aportar herramientas a músicos y músicas de Concepción del Uruguay.

La actividad se desarrolló este viernes en Old Town Sala Bar y estuvo organizada y dictada por Riquelme, integrante de Subsyste-M Producciones. Durante el encuentro, el eje estuvo puesto en una cuestión que muchas veces queda relegada frente a la tecnología: cómo llegar musicalmente preparado al momento de grabar.

Riquelme explicó que una canción puede construirse a partir de distintas capas. Están los instrumentos que consolidan la base, aquellos que aportan los acordes y las percusiones, y también las melodías principales y los elementos que aparecen para adornar una composición. La forma en que todos esos componentes se combinan termina definiendo buena parte del resultado.

El abordaje incluyó ejemplos de diferentes estilos. Se habló de géneros como el jazz y el ska, donde pueden aparecer solos, improvisaciones y músicos invitados o sesionistas, pero también de propuestas más sencillas, como el folclore, donde una cantidad reducida de instrumentos igualmente necesita ensamblarse y encontrar su lugar dentro de la canción.

Una parte importante del taller estuvo dedicada a escuchar proyectos de grabación ya realizados. Uno de ellos contaba con una producción especialmente elaborada, con cerca de 40 pistas entre instrumentos y arreglos. El otro correspondía a una canción de folclore, con una estructura más sencilla y pocos instrumentos, lo que permitió observar con mayor claridad cómo interactuaban los elementos principales con los músicos invitados.

La escucha sirvió también para trasladar el análisis a canciones conocidas. La propuesta fue identificar en ellas esos movimientos que muchas veces pasan inadvertidos: instrumentos que aparecen y desaparecen, melodías que toman protagonismo, arreglos que acompañan y otros que quedan en segundo plano. Para Riquelme, reconocer esos recursos permite comprender mejor qué ocurre dentro de una producción musical.

Pero hubo otro aspecto que atravesó la charla y que excede cualquier cuestión técnica: los gustos musicales. Para el productor, conocer qué escucha y qué busca transmitir cada artista resulta fundamental antes de tomar decisiones sobre una grabación. No existe una única manera de producir una canción, porque las elecciones también están vinculadas con la sensibilidad y las preferencias de quien la crea.

La actividad se inscribió así en una idea que Riquelme ya había planteado al presentar el taller: las herramientas actuales permiten que los propios músicos tengan un mayor control sobre sus producciones. La tecnología facilita grabar, probar, modificar y componer, pero eso no reemplaza la necesidad de pensar musicalmente aquello que se quiere registrar.

En definitiva, la propuesta apuntó a mirar la grabación desde un lugar anterior al momento de apretar el botón. Porque llegar al estudio no significa solamente saber cómo registrar un instrumento. También implica saber qué se quiere escuchar, qué lugar ocupa cada elemento y qué canción se quiere construir.