A 25 años del 11-S, las secuelas de una tragedia que cambió al mundo

Estados Unidos conmemora este viernes el 25° aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, una jornada que marcó un antes y un después en la historia contemporánea y dejó profundas consecuencias políticas, sociales y humanas.

Aquel día, integrantes de la organización terrorista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos de ellos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, provocando el derrumbe de ambos edificios. Un tercer avión impactó contra el Pentágono, mientras que el cuarto cayó en Pensilvania luego de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.



El ataque dejó cerca de 3.000 muertos y generó una conmoción internacional. La posterior respuesta militar estadounidense dio inicio a una nueva etapa en la lucha contra el terrorismo y tuvo consecuencias que se extendieron durante décadas.

Una mirada diferente sobre el 11-S

A 25 años de los atentados, un nuevo documental vuelve sobre aquellos acontecimientos, pero con una perspectiva centrada especialmente en sus consecuencias.

“Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo”, dirigido por Brian Knappenberger, aborda el impacto que tuvieron los ataques tanto sobre las familias de las víctimas como sobre la sociedad estadounidense y las decisiones adoptadas por el gobierno en los años posteriores.

La producción analiza cómo el temor generado por los atentados contribuyó a ampliar las políticas estatales de vigilancia y seguridad, además de abordar los conflictos internacionales que siguieron al 11-S.

El documental también recupera testimonios de hijos y familiares de víctimas que eran muy pequeños cuando ocurrió la tragedia. Muchos crecieron sin recuerdos directos de aquel día, pero bajo la influencia de sus consecuencias y en una época marcada por el crecimiento de las redes sociales, la desinformación y las teorías conspirativas vinculadas con los atentados.

Las consecuencias que dejó en los rescatistas

Un cuarto de siglo después, las secuelas del ataque continúan especialmente entre quienes participaron de las tareas de rescate y recuperación en la Zona Cero.

Según datos difundidos por el Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY), 12.161 integrantes del organismo fueron diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las sustancias tóxicas presentes en el World Trade Center, mientras que 4.257 fueron diagnosticados con cáncer.

Además, miles de trabajadores presentan enfermedades físicas y problemas de salud mental relacionados con su exposición durante las tareas posteriores a los atentados. Más de 600 integrantes del FDNY murieron por enfermedades que se sospecha están vinculadas con el 11-S.

Uno de los casos es el de Joe Conzo, quien trabajaba como técnico de emergencias médicas cuando ocurrieron los ataques. Llegó a la Zona Cero junto a un compañero y quedó expuesto al polvo y los escombros provocados por el derrumbe de las torres.

Conzo fue diagnosticado años después con cáncer de hígado y, posteriormente, con cáncer de páncreas. Actualmente se encuentra en remisión y sostiene que, pese al paso del tiempo, aquel día continúa presente en su memoria.

La experiencia en la Zona Cero

Otro de los testimonios corresponde a Izzy Miranda, quien en aquel momento era instructor en la academia de bomberos. Llegó al lugar antes del derrumbe de la primera torre y recuerda el caos que se vivía en las calles de Manhattan.

Miranda relató que, mientras se encontraba dentro de uno de los edificios buscando sobrevivientes, escuchó un ruido similar al de un terremoto. Era el momento en que una de las torres comenzaba a desplomarse.

La nube de polvo y sustancias generada por el derrumbe alcanzó a los equipos de emergencia. Miranda logró refugiarse debajo de un camión y utilizó un pañuelo para cubrirse la boca y la nariz. Con el tiempo desarrolló problemas respiratorios y apnea del sueño, además de haber sido sometido a intervenciones quirúrgicas en la nariz.

Una ciudad paralizada

Las imágenes de aquel 11 de septiembre quedaron grabadas en la memoria colectiva. Nueva York se convirtió en un escenario de destrucción, mientras miles de personas intentaban alejarse de la zona del desastre y los equipos de emergencia avanzaban en sentido contrario.

Las principales calles fueron cerradas para facilitar el trabajo de policías, bomberos y servicios médicos. Hospitales de la ciudad y de zonas cercanas recibieron a numerosos heridos y se multiplicaron los pedidos de donación de sangre.

La magnitud del ataque también paralizó al resto de Estados Unidos. Los aeropuertos dejaron de operar, se suspendieron vuelos internacionales y se reforzó la seguridad en todo el territorio. Naciones Unidas canceló actividades y distintos organismos, instituciones educativas, comercios y empresas cerraron sus puertas.

Siete horas después del primer impacto, otro edificio del complejo del World Trade Center, el 7 World Trade Center, de 47 pisos, también se derrumbó como consecuencia de los daños provocados por los ataques.

El origen de los atentados

Los ataques fueron planificados y dirigidos por Osama bin Laden, líder de Al Qaeda, organización responsable de otros atentados contra intereses estadounidenses.

Bin Laden había sido señalado también como responsable del atentado contra el World Trade Center ocurrido en 1993. Permaneció prófugo durante años hasta que fue localizado y abatido por fuerzas estadounidenses el 2 de mayo de 2011, durante una operación en Pakistán.

A 25 años de aquella jornada, el 11-S continúa siendo un punto de referencia para comprender la política internacional del siglo XXI. Pero también representa una tragedia cuyas consecuencias todavía afectan a sobrevivientes, familiares y miles de trabajadores que estuvieron expuestos a las condiciones extremas de la Zona Cero.