El aumento del costo de vida, los alquileres, los medicamentos y los alimentos golpea especialmente a jubilados que dependen de ingresos que muchas veces no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. La situación genera preocupación en distintas ciudades entrerrianas.
La situación económica de los adultos mayores se convirtió en una de las expresiones más preocupantes de la crisis social que atraviesa el país. Jubilaciones insuficientes, aumento de los alquileres, medicamentos cada vez más costosos y dificultades para acceder a una alimentación adecuada forman parte de una realidad que también alcanza a Entre Ríos.
En los últimos días, distintos episodios ocurridos en otras provincias volvieron a poner el tema en el centro de la discusión. Un matrimonio de jubilados fue encontrado en su vivienda de Cipolletti, Río Negro, en un hecho que habría estado relacionado con las deudas y la imposibilidad de afrontar el aumento del alquiler. En Jujuy, en tanto, un hombre de 73 años fue demorado luego de intentar llevarse alimentos de un supermercado y manifestó que no tenía dinero para comer.
Más allá de las circunstancias particulares de cada caso, ambas situaciones exponen el nivel de vulnerabilidad al que pueden quedar expuestas las personas mayores cuando los ingresos dejan de alcanzar para sostener las necesidades más elementales.
Cuando la jubilación ya no alcanza
El problema no se limita a quienes viven solos o no cuentan con familiares que puedan ayudarlos. También alcanza a adultos mayores que durante años pudieron sostener su vivienda, afrontar los gastos cotidianos y acceder a una atención adecuada, pero que actualmente deben recurrir a familiares, organizaciones sociales o programas de asistencia.
El costo de los medicamentos constituye uno de los principales factores de presión sobre los ingresos. A esto se suman los servicios, los alimentos y, especialmente, el alquiler para quienes no cuentan con vivienda propia.
La consecuencia es que muchos jubilados deben elegir qué necesidad atender primero, mientras otros se ven obligados a endeudarse, reducir gastos esenciales o incluso buscar alguna actividad laboral para complementar sus ingresos.
Una problemática que también interpela a las ciudades entrerrianas
La realidad de Paraná, donde los dispositivos de asistencia social registran una creciente demanda, forma parte de un escenario más amplio que atraviesa a distintas localidades de la provincia.
En Concepción del Uruguay, como en otras ciudades entrerrianas, la situación de los adultos mayores plantea el desafío de fortalecer las redes de contención y detectar tempranamente aquellos casos en los que una persona comienza a quedar sin recursos para sostener su vida cotidiana.
El problema adquiere una dimensión particular cuando se combinan bajos ingresos, falta de vivienda propia, aislamiento y ausencia de una red familiar capaz de acompañar.
Del abandono a la pérdida de autonomía
Especialistas y referentes que trabajan con adultos mayores advierten que el deterioro económico puede generar consecuencias que van mucho más allá de la falta de dinero.
Cuando una persona deja de alimentarse correctamente, reduce o posterga la compra de medicamentos, no puede mantener su vivienda o pierde los vínculos que funcionaban como red de apoyo, también se deterioran progresivamente su salud, su autonomía y su calidad de vida.
A esto se suma una problemática menos visible: la situación de personas mayores que deben abandonar residencias geriátricas porque sus ingresos ya no alcanzan para afrontar el costo mensual.
La necesidad de recuperar las redes de contención
Frente a este escenario, distintas organizaciones y espacios vinculados con los adultos mayores plantean la necesidad de fortalecer las políticas públicas destinadas al sector y, al mismo tiempo, recuperar las redes comunitarias.
La asistencia alimentaria, el acceso a medicamentos, la vivienda y el acompañamiento social aparecen como algunos de los principales puntos sobre los que debería trabajarse para evitar que una dificultad económica termine convirtiéndose en una situación de abandono o de calle.
La crisis de los adultos mayores no se reduce, entonces, a una cuestión previsional. Es también un problema habitacional, sanitario, alimentario y social, que requiere respuestas coordinadas y una mirada que contemple el envejecimiento con dignidad.
En un contexto de aumento del costo de vida, la advertencia resulta especialmente importante: para una persona mayor que vive con ingresos mínimos, una suba del alquiler, un medicamento inesperado o una reducción de la ayuda familiar puede ser suficiente para hacer tambalear toda su economía.
Fuente: UNO Enrique Ríos










