El juez Darío Crespo escuchó en la tercera audiencia del juicio a Juan Ruiz Orrico el testimonio de Nélida Lorena Dubini, madre de Lucas y Brian Izaguirre, y la sala quedó en silencio. La mujer reconstruyó el 20 de junio de 2024 y relató cómo aquella madrugada partió su vida en dos. La acusación señala que el choque en la Ruta Provincial 39 terminó con la vida de sus hijos cuando iban a trabajar.
La madre sostuvo su declaración con firmeza y habló del antes y el después en su casa. La mujer describió la ausencia, el silencio y los objetos que quedaron como únicas huellas. La madre miró al imputado y pidió justicia sin rodeos.
La zapatilla que abraza cada día
Nélida Lorena Dubini, madre de Lucas y Brian Izaguirre, declaró en la tercera audiencia del juicio por el accidente ocurrido el 20 de junio de 2024 y describió el antes y el después que marcó a su familia. “Después de ese día no tenemos vida, solo se sobrevive”, expresó. Contó que aquella mañana, como tantas otras, sus hijos salieron a trabajar. Brian conducía el auto en el que pasaban a buscar a sus compañeros. La noche anterior, al ser feriado, ella le había preguntado si se quedaban a comer en casa. Él le respondió que debía trabajar para terminar su casa. Nada hacía prever la tragedia.
Relató que esa mañana recibió un llamado en un grupo avisando sobre un accidente en la zona de La Justa y que podría tratarse del vehículo de sus hijos. Desesperada, intentó comunicarse con ellos y con la empresa, sin obtener respuestas. Un compañero le dijo que los chicos no habían llegado al trabajo. La comisaría tampoco brindaba información. Minutos después, un oficial de Basavilbaso le mostró una foto del auto: era el de Brian. Con la esperanza de encontrarlos con vida, fue hasta el lugar del hecho y luego al hospital, donde —según declaró— les hicieron esperar durante horas en la vereda sin darles precisiones, hasta que finalmente les permitieron ver los cuerpos tras la autopsia.
En su testimonio recordó el momento en que se acercó al auto siniestrado. Allí encontró una zapatilla de Brian. Contó que ella misma la sacó del interior del vehículo y que nadie custodiaba el lugar del accidente, lo que le permitió llevársela. Dijo que conserva esa zapatilla, que la abraza todos los días y que le habla, como también les habla a las fotos de sus hijos. “Espero sentir algo de ellos”, manifestó. También relató que cuida con especial dedicación la camiseta de fútbol que Lucas llevaba puesta el día del choque, aún manchada con sangre, prenda que debió coser porque sabía cuánto la amaba. Durante la audiencia, Dubini le mostró esa remera a Juan Ruiz Orrico.
La mujer describió el vacío que quedó en su casa. Habló del silencio, de la ausencia de música —porque, dijo, Lucas era quien llenaba todo de canciones y bromas— y del dolor de su nieto Genaro, que entonces tenía 12 años y veía en su padre a un héroe. Recordó que Brian era árbitro federal en Basavilbaso y que su carrera quedó truncada. “Mis hijos eran luz, eran vida. Iban a trabajar para progresar”, afirmó, y contrastó esa decisión con lo que, según sostuvo, hacía el imputado ese día. Señaló que desde la tragedia inició una lucha para que “el asesino de mis hijos pague”, porque —remarcó— el derecho a la justicia es de todos.
En un tramo directo de su declaración, se dirigió a Orrico y le preguntó cuánto vale la vida de un hijo y cuánto vale el dolor de una madre. Sostuvo que ninguna compensación económica mitiga lo que siente y pidió que asuma la responsabilidad que marca la ley. Aseguró que aún no pudo hacer el duelo porque está concentrada en la búsqueda de justicia. “Hoy se cumple un año y ocho meses”, recordó ante el tribunal, y agregó que cada día 20 la familia celebra una misa en memoria de Lucas y Brian. “En mi casa se habla con las fotos”, cerró, dejando en claro que, desde aquel 20 de junio, su vida quedó atravesada por la ausencia.










