“Visité e hice bocetos de pilas de cadáveres en el crematorio. No había mucho tiempo para dibujar, ya que el lugar había sido minado por las SS antes de irse y se esperaba que el edificio explotara en cualquier momento. El hedor era casi insoportable y una gran parte de los estadounidenses que inspeccionaron el crematorio vomitaron”, escribió Brian Stonehouse en su diario. Apenas una parte de la experiencia tan dramática como extraordinaria de aquel soldado inglés que terminó prisionero en Dachau, uno de los campos de exterminio nazis más letales de la Segunda Guerra Mundial.
La historia indica que Stonehouse se lanzó en paracaídas sobre Francia para colaborar de encubierto con la Resistencia y trabajar como operador de radio: una misión suicida. Allí se hizo pasar por artista, cosa que en realidad era antes de entrar al ejército, de modo que en composé portaba su caja de pinturas cargada con un transmisor de radio y una pastilla de cianuro en caso de ser capturado, lo que sucedió muy pronto. Stonehouse sobrevivió casi milagrosamente y tras la liberación del campo –donde se encontraron prisioneros al borde de la muerte y más de 30 vagones de tren llenos de cadáveres en descomposición– empezó a dibujar con carboncillo aquellos horrores que había presenciado, incluyendo la morgue, el crematorio y las cámaras de gas. Cuatro de estas imágenes se exhibirán y se pondrán a la venta por estos días en galerías de Londres y Estados Unidos por la que parece una suma casi modesta de 100.000 dólares: es que los galeristas esperan que las obras queden en colecciones públicas.
Muchos corresponsales de guerra fotografiaron las atrocidades en Dachau, pero los dibujos realizados por sobrevivientes son poco comunes. Stonehouse no solo los preservó, vivió con ellos. Eran una parte importante de cómo recordaba la guerra, o tal vez un elemento catártico que lo ayudó a seguir adelante. Contó cómo intercambiaba dibujos por cigarrillos, que luego usaba para conseguir comida extra. “Así sobreviví”, dijo el hombre, que finalmente tuvo una larga vida, hasta los 80 años, y una carrera fértil en la ilustración de moda.









