LA CONTRA… El manual de género de la extrema derecha

Por Cynthia Miller (*)

El género, la misoginia y el machismo no son preocupaciones secundarias para los autoritarios, especialmente para los populistas que han alcanzado el poder a través de procesos democráticos. Al contrario, son parte integral de la búsqueda de riqueza, poder y control por parte de estos movimientos. Desde los medio tradicionales hasta los podcasts, las quejas basadas en el género funcionan ahora como una poderosa palanca para movilizar audiencias, votantes y donantes, convenciéndolos de que cualquier cambio en las normas de género pone en peligro la estabilidad familiar, el orden moral e incluso la propia civilización.
En esta versión, la restauración dorada prometida por líderes autoritarios se ve amenazada por un “progresismo” desconectado de la realidad y moralmente decadente, empeñado en desmantelar todo lo “bueno” y “correcto”. La solución es lanzar una campaña implacable contra los derechos reproductivos, el acceso a terapias hormonales, la participación de deportistas trans, los planes de estudio escolares y los libros que representen a personas LGBTQ+ o familias con padres del mismo sexo.
Aunque los detalles varían de un país a otro, los líderes autoritarios siguen un guion sorprendentemente similar. Explotan los agravios basados en el género para movilizar a los jóvenes con promesas de restauración del dominio y consolidar el poder político. En este sentido, la desempoderación de las mujeres y las comunidades LGBTQ+ no es un subproducto del resurgimiento autoritario actual, sino un componente clave de la campaña global para socavar la democracia.



Destrucción de la democracia

Restringir los derechos de las mujeres y de las personas LGBTQ+ y reafirmar la dominancia masculina es una de las formas más rápidas de reducir el grupo de personas que pueden votar, presentarse a cargos públicos, hacer lobby y oponerse a los autoritarios y sus agendas. La pérdida de derechos, junto con una reacción cultural que ayuda a normalizar la retórica anti-derechos, empuja a las mujeres y a las personas LGBTQ+ a los márgenes del debate político.
En conjunto, estas medidas equivalen a un intento coordinado de ingeniería social, ya que líderes autoritarios recurren a un manual global para movilizar a los jóvenes votantes y promulgar cambios que eliminan los límites a su poder. Este proyecto se basa en tres pilares principales: mensaje estratégico, alineación ideológica y tácticas coordinadas.
Hace casi un siglo, el jurista pronazi Carl Schmitt argumentaba que toda política depende de la distinción entre amigo y enemigo. El género es una cuña conveniente para dividir los electorados, alimentar la polarización y socavar la cohesión social.
Pero la reacción también es profundamente ideológica, impulsada por el deseo de revertir cinco décadas de reformas que reorganizaron el poder social y desestabilizaron las jerarquías tradicionales. Estos cambios incluyen derechos reproductivos, autonomía financiera de las mujeres, ampliación de oportunidades profesionales, igualdad matrimonial y reconocimiento legal para personas intersexuales, no binarias y trans.
Detrás del impulso para revertir el progreso de género hay un aparato religioso y político bien financiado y bien organizado. Parte integral de sus narrativas antifeministas es un mensaje pronatalista que anima a las mujeres a aceptar sus supuestos roles naturales como madres, cuidadoras, amas de casa y educadoras en casa.

Estrategia autoritaria

Los autoritarios buscan confundir al público, borrando las distinciones entre verdad y falsedad y entre lo correcto y lo incorrecto. Con este fin, difunden desinformación y atacan universidades, académicos, investigaciones científicas e instituciones públicas con el pretexto de que son agentes de un complot “marxista cultural” para destruir la familia tradicional.
El aumento del costo de vida, los despidos, la falta de vivienda y otras presiones económicas hacen que muchos se sientan resentidos, más fáciles de manipular. Y los autoritarios están deseosos de señalarles culpables y generar indignación a través de memes y videos tendenciosos.

El cortejo a las mujeres

Una vez que han avivado la confusión, el miedo y la ira, los autoritarios ofrecen sus soluciones. Estas suelen centrarse en restaurar los valores “tradicionales” y recuperar el poder suprimiendo o eliminando al enemigo designado y empoderando a líderes que prometen “recuperar el control”.
Se podría suponer que los movimientos autoritarios actuales dependen casi por completo de los votantes masculinos. Pero lo cierto es que deben gran parte de su éxito a las mujeres que promueven activamente sus ideas antifeministas y tradicionalistas.
En las redes sociales, algunas mujeres se han convertido en destacadas defensoras del regreso a los roles de género tradicionales. Algunas famosas venden el hogar y la sumisión matrimonial como un estilo de vida aspiracional, mientras que otras promueven el concepto más estilizado de una “esposa mantenida”, con consejos para formar a los maridos para financiar una vida doméstica consentida.
El atractivo de estas ideas entre las mujeres subraya lo efectivos que han sido los movimientos autoritarios y de extrema derecha para persuadir a los jóvenes de que a la izquierda solo le importa avanzar a las minorías mientras que la derecha vela por “personas como ellas”. Las mujeres y las comunidades LGBTQ+ serán las primeras en sufrir, pero no serán las únicas.

(*) Autora de “Hazte hombre. La nueva misoginia y el auge del extremismo violento”, publicado por la Universidad de Princenton.