Del periodismo como quinto poder a la comunicación digital

Por Ana Hernández

«Arriba el sol y abajo el reflejo de las almas que siguen creando puentes con la rima que duerme en todas las palabras».
Cuando Mariano Moreno decide crear «La Gaceta de Buenos Aires», estaba hecha con el objetivo de testimoniar las acciones de gobierno, porque sostenía que el pueblo tenía el derecho de conocer la conducta de sus representantes. Es así que esto ocurría en esa época, como reflejo del valor que tenía el Estado como factor de poder.
No obstante, los tiempos fueron cambiando y el periodismo también. Los diarios impresos, la radio y después la pantalla de televisión, que se volvieron pantallas de celulares, provocaron que en la actualidad todos seamos potenciales comunicadores.
Hubo un cambio de paradigma en los últimos 20 años. No obstante, el periodismo siempre sobrevivió. Así como cuando salió la televisión, se temió que la radio desaparezca y sucesivamente con el resto de los nuevos medios que fueron surgiendo. Lejos quedaron los tiempos del periodismo como quinto poder fiscalizador. Vivimos momentos complejos en los cuales hay mucha precarización laboral, las grandes empresas son las únicas que están pudiendo sobrevivir y los pequeños medios de comunicación privados del interior profundo del país tienen mucha dificultad para permanecer. Al mismo tiempo, los medios estatales y sus trabajadores en la dura lucha por no desaparecer ante un posible cierre y/o privatización, dejando en zona de promesa la comunicación federal y la accesibilidad a la información.
Las nuevas tecnologías y el estallido de las redes sociales, todos y todas somos potencialmente comunicadores, por lo tanto, la conversación social es mucho más compleja, porque cambiaron los canales de su producción. Martín Becerra, investigador y especialista en políticas comunicacionales, habló sobre cómo las compañías tecnológicas toman decisiones que afectan al discurso y el debate de la opinión pública tomando como ejemplo lo sucedido con Donald Trump en EE.UU.
Bloquearon temporalmente las cuentas del expresidente estadounidense tras las escenas de violencia en el Capitolio. El investigador sostuvo que fue problemático. El dueño de Facebook e Instagram explicó que los mensajes que mandaba Trump eran una amenaza y podían perturbar la sucesión presidencial.
Para Becerra, estas empresas se atribuyeron facultades que no les corresponden y de ser así, deberían considerarse poderes políticos. Además, se refirió al uso de las redes sociales y la libertad de expresión. Explicó que la única regulación que existe sobre los contenidos en las plataformas digitales es la que establecen las propias empresas. Por lo tanto, en realidad los medios de comunicación sí tienen una responsabilidad editorial, y en el caso de las plataformas digitales tienen un permiso, porque se les ha atribuido el ser neutrales, lo cual no es así.



 

Más concentración, menos derechos

En las últimas dos décadas, aunque parezca un juicio muy drástico, cambiaron olímpicamente los modos de comunicar y el mapa de los medios de comunicación. Durante los últimos cuatro gobiernos no hubo ninguna acción legislativa que contenga la concentración mediática y tecnológica. Un fuerte énfasis fue durante el macrismo con dos decretos claves; uno que desactivó la famosa Ley de Comunicación Audiovisual, que atravesó su discusión y debate a toda la ciudadanía.
El discurso de la convergencia sirvió como argumento para una mayor concentración mediática.
La discusión sobre los medios en Argentina suele mezclar los efectos fulminantes sobre la economía de los medios tradicionales, sumado a los grandes cambios que también se produjeron en los últimos gobiernos.
A raíz de múltiples factores, el torrente comunicacional transitó transformaciones donde cambiaron las audiencias y, por lo tanto, el pacto de lectura; la producción del contenido y el hábito en la construcción del discurso.
En síntesis, hay una gran crisis global por las nuevas plataformas y distribución de los contenidos que nos genera incertidumbre y hasta temor en algunos casos, sobre todo en los espacios de fuentes laborales con tanta precarización en un oficio que se sostiene más por la vocación innata de comunicar que como fuente laboral real.