DOBLE HOMICIDIO. Quemó viva a dos personas

El acusado y su defensor.

El 30 de octubre de 2017 fue condenado a 14 años de prisión por el homicidio de dos personas, una de ellas familiar, Alberto Julio Perdomo.

Por Clelia Vallejo
Profesora – Periodista

El acusado y luego declarado culpable, vivía por ese entonces en barrio San Vicente de Paul. La madrugada del 14 de junio de 2014, discutió con su tío y otro hombre que se encontraba con él, quienes resultaron con graves quemaduras en el transcurso del incidente, y horas después fallecieron en su lugar de internación.
Perdomo le habría dado permiso a su tío, quien no tenía vivienda, para que ocupara un cuarto ubicado al costado de su propia casa. En esas circunstancias, el tío del condenado, Juan Carlos Perdomo, de 66 años de edad, y su amigo con quien se hallaba conversando a altas horas de la noche, Cristian Taborda de 36, resultaron prendidos fuego.
Mientras Perdomo quedó en el lugar, Taborda huyó, en esa circunstancia lo encontró en la calle un repartidor de diarios, quien lo llevó en su moto hasta la estación de servicio ubicada en Sartorio y Constituyentes. En el transcurso del viaje le dijo que el sobrino de su amigo entró a la habitación donde estaban, les dijo que lo tenían “repodrido” y les arrojó fuego.
Desde la estación de servicio se llamó a la Policía y el herido fue trasladado al hospital donde quedó internado. Horas después falleció. Había ingresado con el 60% del cuerpo quemado en rostro, tórax, abdomen y piernas hasta las rodillas.
En cuanto a Perdomo, también fue trasladado al hospital, pero antes de esto y pese a las graves quemaduras que presentaba alcanzó contarle al oficial de policía que concurrió al lugar, que su sobrino Beto los había quemado a él y a su amigo. Fue lo último que alcanzó a decir, pues poco después Juan Carlos Perdomo también falleció en el Hospital Urquiza.
El imputado, Alberto Julio Perdomo llegó a Juicio y dio su descargo acerca del hecho, resaltando su inocencia. Relató que era el domingo Día del Padre y que se encontraba en su casa cuando escuchó que dos personas iban por el pasillo del costado, conversando. Dijo que alcanzó a oír que uno decía: “Vamos que se van a matar estos dos”.
Alarmado porque con su tío él tenía buena relación, fue hasta la puerta del cuarto que le prestaba y donde su tío solía recibir algunos amigos y pasaban horas tomando, y le preguntó: “¿Carlos que está pasando?”.
Según refirió, su tío estaba acostado con la cabeza hacia el bracero que estaba encendido y a la izquierda se encontraba Taborada a quien no conocía. “Mi tío tomaba alcohol puro, así como venía”. Y agregó que Taborda le dijo: “¿Vos quién sos?”, al tiempo lo encara “y me pecha”.  Siempre según su relato, él respondió: “Soy el sobrino” y con un ademán trató de sacarle la mano: “Entonces me dice: te voy a matar”. Tras la amenaza, entró a la pieza que no tenía puerta porque la habían quemado. “Mi tío se había separado hace 10 años y se había echado al abandono y a veces divagaba”, contó.
Después continuó recordando: “Taborda me quiere empujar, yo a su vez lo empujo hacia el fuego y ahí explota todo y yo termino a los dos metros”. Agregó que Taborda tenía en su mano una botella con un líquido y que él temía que quisiese quemar a su tío. “Veo que Taborda se prende fuego y mi tío grita: ¡me estoy quemando!”.
Alberto Perdomo dijo en su defensa que reaccionó de inmediato. “Lo reanimo, aunque yo también me estaba quemando, pero gracias a Dios no me quedaron secuelas. Traje agua de un pozo ciego en baldes de 20 litros. A mi tío lo llevó la ambulancia y a mí la patrulla”.



La sentencia

Pese a su defensa, el acusado Alberto Julio Perdomo, fue hallado autor material y penalmente responsable del delito de “Homicidio simple en concurso homogéneo”, sentencia que tuvo como soporte principal la declaración de ambas víctimas antes de morir, quienes coincidieron que Alberto Julio Perdomo les habría arrojado fuego, unido a los resultado de las pericias y pruebas colectadas.
Sin embargo, por lo antes expuesto, las conclusiones del Tribunal, cuyo fallo fue unánime, fue que el condenado habría increpado a su tío y al amigo de éste por el barullo que no lo dejaba dormir. En ese circunstancias, les habría arrojado un diario encendido que alcanzó a su tío que estaba en la cama. El Tribunal entendió que debido a las quemaduras que tenía el agresor, probablemente procuró ayudar a su tío después de cometer su felonía, quemándose también él en su intento.
Cabe señalar que no se comprobó la presencia de los dos hombres que el condenado dijo haber escuchado en el pasillo del costado de su vivienda.

Un hombre de familia

Por lo general los acusados no se muestran muy locuaces ni abiertos a exponer su vida como lo hizo Alberto Julio Perdomo, quien en todo momento se mostró como un hombre correcto, funcionario municipal con más de una década de trayectoria, padre de cuatro hijos y abuelo de cuatro nietos. La impresión que me quedó personalmente, es que era un padre y abuelo que disfrutaba de la vida en familia, alguien que cumplía a diario con sus tareas de servicio a la comunidad a través de la División Tránsito. Lamentablemente, sus días debieron enfrentar un drama que lo tuvo como protagonista. Tal vez, por un momento de exasperación y descontrol recayó sobre su vida y su conciencia, una condena que cubrió de sombras un presente, hasta entonces, relativamente feliz.

Prófugo

En abril de 2021, Perdomo, que se encontraba en libertad a la espera de que la sentencia quede firme, se fue de Concepción del Uruguay y comenzó a ser buscado por la Justicia de Entre Ríos.
Pasó el tiempo y se supo que esta persona estaba radicada en Buenos Aires, pero no se podía continuar la investigación para dar con su paradero, tras declararse la pandemia del Covid-19.
Sin embargo, durante uno de los tantos operativos de las fuerzas de seguridad controlando el cumplimiento del aislamiento social, lo habrían interceptado en la vía pública y, al proceder a su identificación, se percataron del pedido de captura.
Por esta razón, el doble homicida fue puesto a disposición de la Justica y traslado a Concepción del Uruguay  para comenzar a cumplir la sentencia.

Perdomo al ser atrapado en Isidro Casanova.