EL PRECIO DE LA INEPTITUD JUDICIAL. Mató dos veces y estuvo a punto de cometer un tercer crimen

Ricardo Silva de Almeida, autor de dos homicidios antes de cumplir 18 años.
Por Clelia Vallejo
Profesora – Periodista

El 7 de abril del año 2013 por la noche, resultó herido de muerte Matías Farfan, un estudiante de apenas 16 años. El adolescente transitaba en una motocicleta en compañía de otro menor por bulevar 12 de Octubre. Al llegar a la altura, entre 12 del Oeste y 12 del Oeste Bis, le salió al encuentro un sujeto con la cara parcialmente cubierta, empuñando un arma de fuego. Como Farfan logró eludirlo, el frustrado ladrón disparó. Quien venía como acompañante de la víctima, se inclinó todo lo que pudo, para esquivar la bala y el proyectil terminó impactando en el conductor.

Farfan logró llegar hasta el barrio 144 Viviendas (distante a pocas cuadras del lugar del hecho), donde habitaba con su padre y hermano (su madre había fallecido hacía un tiempo), y se desplomó.



Fue trasladado al Hospital Justo J. de Urquiza donde quedó internado y el 17 del mismo mes, tras una larga agonía, falleció producto de aquel cruel ataque.

Su agresor fue reconocido: era Ricardo Silva de Almeida, un vecino del mismo barrio que solo hacía 15 días que había quedado en libertad, por haber asesinado a otro joven en un boliche.

El primer crimen

Silva de Almeida había concurrido  el sábado 18 de agosto de 2012 al boliche “La Estrella de la Noche”, que funcionaba en Club Ferro. Anteriormente el mismo desarrollaba sus actividades en un local de la peatonal, con otro nombre.

Este lugar se había transformado en una pesadilla para los vecinos del tranquilo barrio Santa Teresita, dadas las riñas y batallas campales de las que resultaban escenario los alrededores, “a la salida del baile”, los domingos por la mañana.

Ese sábado, en la fila para entrar, se encontraba Leonardo Oguier, un joven de 25 años, de la zona oeste, que era conocido por ser una persona pacífica. Pero allí estaba también Ricardo Silva de Almeida quien tenía hacia él una actitud provocativa. Una vez dentro del local, y ya alrededor de las 04:00 de la mañana del domingo 19, Silva de Almeida le asestó a Oguier una brutal puñalada con un cuchillo que llevaba oculto. En pocos minutos y antes de que alcanzara a ser socorrido, el indefenso joven murió desangrado.

Silva de Almeida, tras ser aprehendido quedó a disposición de la Justicia, pero como contaba con menos de 18 años de edad (le faltaba un mes para cumplirlos), no fue juzgado, solo se determinó su responsabilidad y fue enviado a una institución para la desintoxicación de sus adicciones.
Los familiares, amigos y vecinos de la víctima, reclamaron justicia, e incluso impidieron en una o dos oportunidades, que el boliche, escenario del hecho, abriera sus puertas. Tiempo después cerró definitivamente para tranquilidad de quienes vivíamos en la zona.

El 24 de marzo de 2013, el juez penal de menores  de Paraná  aceptó el habeas corpus interpuesto por la defensa del asesino, quien fue liberado.

El boliche “La Estrella” en barrio Santa Teresita, escenario de un cruel asesinato y riñas constantes.

Otra polémica decisión judicial

A los 15 días de ser liberado por el homicidio de Oguier, Silva de Almeida volvió a matar. Esta vez la inocente víctima fue el joven alumno del Colegio Superior del Uruguay Justo José de Urquiza: Matías Farfan.

El cruento hecho desató una polémica entre funcionarios judiciales de Paraná y de nuestra ciudad, siendo explicada la cuestión por el entonces fiscal de Cámara de nuestra ciudad, doctor Diego Young, quien acusó de ineptitud a quien había intervenido en la capital provincial para la liberación de Farfan.

Pero allí no terminó todo, Silva de Almeida, condenado a la postre por el homicidio de Farfan a 22 años de prisión, ya interno en la Unida Penal N°4, el 28 de mayo de 2015 dejó tendido de dos puñaladas a otro interno. Por fortuna, esta vez, su ataque no resultó mortal.

“Se me da mejor el cuchillo”

Durante el juicio por el crimen en perjuicio de Matías Farfan, Ricardo Silva de Almeida negó ser el atacante aduciendo que él no usaba armas de fuego, porque según aclaró se le daba “mejor lo del cuchillo”. A juzgar por la forma certera conque usaba ambas armas, lo hacía con la misma destreza y sangre fría.

La desconsolada familia Farfan se mudó a otra provincia. De los deudos de Oguier nada se supo, tal vez quisieron hacer su duelo con la misma mansedumbre con que vivía la víctima. Sin dudas, Dios hará que reciba la justicia que se merece.