Suena el silbato final y la escena sigue conmoviendo como la primera vez. Las jugadoras ganadoras corren, saltan, se abrazan, se arrojan unas sobre otras en un grito de desahogo, dicha y éxtasis infinito. Junto a ellas, las derrotadas hunden el rostro en el césped, ceden sus rodillas y sus ojos confundidos no hallan consuelo. El sueño de las españolas se hizo realidad y este domingo se coronaron campeonas de la novena edición de la Mundial Femenino de Fútbol que se disputó en Australia y Nueva Zelanda. La ilusión de las chicas inglesas se hizo añicos por tan solo un gol. Las primeras serán ahora motivo de orgullo nacional y elogios relamidos. Las otras serán parias virtuales y se borrarán todos los superlativos que acumularon en las primeras etapas de la competencia. El exitismo es un asco. Queda recordar las críticas, las barreras y estereotipos que derribaron para comprender que la ganadora fue una: la Mujer.









