Los devotos se congregaron frente a su ermita para elevar sus peticiones al Patrono del Pan y del Trabajo.
Con profunda devoción los fieles honraron ayer a San Cayetano. En Concepción del Uruguay, tal como aconteció en Liniers -sede los actos litúrgicos centrales-, se evocó al patrono del pan y del trabajo con reuniones y rezos frente a la ermita ubicada en la intersección de Congreso de Tucumán y Lorenzo Sartorio, en Santa Teresita. “Este año hicimos todos los días, a las 15:30, el triduo en el sector San Cayetano, en nuestro barrio. Hoy (por ayer) lo hicimos más temprano, porque no hubo sacerdotes para la misa, por lo que en la iglesia, a las 16:30, se rezó y leyó la palabra. Hoy, más que nunca, necesitamos de la protección de San Cayetano para que nos dé paz y ayude a los que tengan enfermos y sin trabajo. En todos estos días oramos además por lo que faltan. Cada día rezamos por distintas intenciones”, comentó a LA CALLE María Raquel, una de las creyentes, para recordar luego las procesiones efectuadas años anteriores hasta la parroquia. “Hoy es una fiesta muy especial para la Iglesia y para mí fue la primera vez que salgo de mi casa y rezo aquí, frente a la ermita, después del fallecimiento de mi esposo”, expresó Dora, otras de las vecinas que elevaron su plegaria al patrono del pan y del trabajo.
El origen
Cada 7 de agosto, se conmemora el Día de San Cayetano. Todos los años miles de creyentes de todo el país concurren a su santuario, ubicado en el barrio porteño de Liniers, para celebrar la misa y pedirle por paz, pan y trabajo. La Iglesia Católica designó esta fecha en Argentina y en el mundo para recordarlo a él y a sus milagros.
Coincide con el día de su fallecimiento, aquel 7 de agosto de 1547 en Nápoles, Italia. En el país se lo conoce como el santo de los gestores administrativos, que ayuda a proveer y proteger el trabajo. Por tal motivo, es también llamado Padre de la Providencia o Patrono del Pan.
San Cayetano nació el 1 de octubre de 1480, estudió derecho en Padua y después se dedicó al orden sacerdotal. De ahí en más se lo conoció por su oración, caridad y entrega al prójimo. Él decía que “Dios lo había llamado a realizar una gran obra” así que se trasladó a Roma en 1506 y acompañó al papa Julio II hasta su fallecimiento. Todos los 7 de agosto, los católicos recuerdan los milagros que realizó durante su vida, principalmente, los relacionados al ámbito laboral. Además, solía focalizarse en las personas más humildes y desprotegidas.










