Andrés Asiain
La propuesta de dolarización parcial de la economía que proponen los libertarios más realistas se asemeja a la experiencia cubana de la década del 90. Como decíamos ayer en esta columna, el resultado fue una economía bimonetaria donde una parte de la población recibía ingresos en pesos cubanos, mientras que otra (ligada al turismo o que recibía remesas de familiares emigrados) obtenía ingresos en dólares. La oferta de bienes y servicios básicos se mantenía en pesos cubanos a valores accesibles para todos, mientras que los demás bienes y servicios se debían pagar a precios dolarizados. La experiencia cubana no debe sorprender a los argentinos que ven sus sueldos en pesos incapaces de acceder a bienes dolarizados, como la vivienda. Pese a la desigualdad social que generaba dicha política, fue juzgada necesaria para estimular el ingreso de divisas vía remesas ante la grave restricción externa que pesaba sobre la economía cubana tras el derrumbe de la URSS. Sin embargo, gran parte de esas divisas no podían ser utilizadas para importar bienes esenciales, como combustible para sostener el sistema eléctrico y de transporte. Ello se debía a que los dólares se utilizaban como circulante y depósitos del sistema bancario en la propia economía cubana. La solución encontrada por los cubanos a la dolarización parcial de su economía fue de gran originalidad. Para evitar el uso de dólares como moneda de circulación y como ahorro, se lanzó una moneda indexada al dólar que conviviría junto al peso cubano. El peso cubano convertible valía lo mismo que un dólar y podía ser adquirido para operar en el sector de la economía dolarizado. En paralelo, se prohibía el uso de dólares en dicho sector y se imponían una serie de impuestos que estimulaban la utilización de la nueva moneda. El peso convertible cubano reemplazó al dólar, pero no al peso cubano tradicional, que continuó siendo la fuente de ingresos de la mayoría de los cubanos y la moneda en la que se ofrecían los bienes y servicios básicos. En ese sentido, la desigualdad creada por el bimonetarismo continuó, ya que los bienes ofrecidos a pesos convertibles eran inaccesibles para quienes cobraban en pesos cubanos. Sin embargo, mejoró la eficiencia en el uso de las divisas que ingresaban como remesas y por el turismo que ya no se mantenían como circulante o ahorros. Esas divisas debían cambiarse por pesos convertibles, aumentando las reservas y quedando disponibles para hacer frente al pago de importaciones.










