Hojas sueltas… Distraídos

Mariana Maggio (*)

Vivimos en un mundo en el que la mayor parte de las actividades económicas, sociales, políticas y culturales están profundamente atravesadas por las tecnologías de la información y la comunicación. Comprender y aprender esas tramas y recrearlas críticamente es un derecho. Se trata de tecnologías que sostienen los modos en que se construye el conocimiento disciplinar y, cada vez más, sostienen la actividad en todos los ámbitos del trabajo. ¿Cómo incluiremos a nuestros estudiantes en el complejo mundo en el que les tocará vivir si los educamos recortando un rasgo central de la realidad? Esto no quiere decir que la inclusión de tecnologías en las prácticas de la enseñanza sea sencilla. No lo es. Requiere hacer inversiones y desarrollos específicos; establecer encuadres negociados sobre las formas y tiempos de uso; rediseñar las propuestas didácticas y fortalecer la especialización de los docentes.
Todo esto configura una base necesaria para generar enseñanzas poderosas, propias de este tiempo, relevantes y, por eso mismo, inclusivas. Los estudiantes no están distraídos por la disponibilidad de los teléfonos celulares en las aulas, sino por la dificultad que experimentan para sentirse interpelados por propuestas que no los reconocen como sujetos culturales que viven realidades inmersivas profundamente atractivas. La pregunta que tenemos que hacernos es cómo generar primero las condiciones materiales y luego esas prácticas que les permitan construir sentidos en este mundo complejo y cambiante.
El reciente Informe de seguimiento de la Educación con foco en Tecnología, de la Unesco, señala que, durante la pandemia, el aprendizaje en línea impidió el colapso de la educación durante el cierre de las escuelas. Aunque reconoce que no se llegó al 31% de los estudiantes de todo el planeta ni al 72% de aquellos más pobres. El desafío es garantizar el derecho y desarrollar experiencias áulicas muy potentes. Es una cuestión de justicia social. Negar el uso de las tecnologías en las escuelas agudiza la desigualdad y aumenta la brecha digital entre los estudiantes más desfavorecidos. Si la pandemia configuró una situación de excepción, la aceleración digital a la que dio lugar en todos los ámbitos de la sociedad y la cultura no lo fue. En 2020 la falta de inclusión digital dejó a niños y jóvenes afuera de la escuela. En el futuro esto también podrá dejarlos fuera de la educación superior y del mundo del trabajo.



(*) Dra. en Ciencias de la Educación.