Por Pedro Peretti
Según el último índice FAO de inflación para alimentos en América Latina, Argentina con un 86,6% lidera el penoso ranking, precedida sólo por Venezuela.
En un sinsentido: Argentina, vendedora neta de materias primas con destino alimentario, exporta todo lo que comemos: trigo, soja, maíz, poroto, lentejas, ajo, cebolla, carnes y un largo etc. Marcamos récord histórico de exportaciones, pero tenemos 40% de pobreza y una inflación por las nubes. Está claro que el modelo no funciona.
El precio de los alimentos es un factor clave de la estabilidad democrática en todo el mundo; y es un instrumento central en la puja distributiva. Un gobierno peronista tiene atada su supervivencia política al bienestar de los sectores populares. Alimentos y salarios son inseparables, y bases esenciales para una buena salud electoral.
El debate de la producción y el precio de los alimentos en Argentina está dominado por falsos supuestos que propagan los voceros interesados de los agronegocios monopólicos. Para estos grupos, los parámetros se reducen a volumen, producción y exportación. Ellos invisibilizan algunas cuestiones sustanciales, que nunca entran en debate: concentración de tierras, rentas y producción, medio ambiente, deforestación, arraigo, migraciones rurales, logística, puertos etc. Como si dónde se siembra y quién lo hace fuera una cuestión inocua en el tema. Otro gran ausente en el debate, es el impacto del acuerdo con el FMI en el precio de los alimentos.
Soberanía alimentaria
El mes pasado realizó en Rosario un encuentro sobre la soberanía. En el panel referido a Soberanía Alimentaria habló Albina Albides, productora hortícola del cordón verde platense, integrante de la organización Asoma (Asociación de Medieros y Afines) y de la Federación Nacional Campesina. Albina produce verduras y hortalizas que comercializa a través de mayoristas que le pagan lo que se les antoja. Ella debe alquilar la tierra donde siembra y por la que paga $40.000 la hectárea. La superficie mínima para que pueda vivir una familia es de 2,5 hectáreas, es decir $100.000 mensuales; y no le permiten construir una casa de material, deben morar en casillas de chapas y plásticos. Es irracional e inexplicable que en la Argentina no se pueda garantizar tierras para la producción alimentaria de cercanía. Y más inexplicable aún, que el campo nacional y popular no lo ponga en agenda.
La contracara de Albina es la producción hortícola mega-concentrada; integrada verticalmente, con posición dominante en el mercado. Un ejemplo de esta forma de producción es Hijos de Salvador Muñoz: una empresa salteña que maneja 28.700 hectáreas (contra ninguna de Albina). Esta compañía siembra 24.000 hectáreas de poroto (destinado a la exportación) y la complementa con ganadería. También planta unas 1.700 hectáreas de pimiento, tomate, zapallo, berenjena, lechuga etc.
Agreguemos que exporta a 15 países, lo que le permite elegir adónde van sus productos, en función del precio. “Parece” posición dominante ¿no?
El precio del modelo 90
El 50% de la logística y el transporte de los alimentos es en dólares. Cada vez que se devalúa, de acuerdo con las exigencias del acuerdo con el FMI (como sucedió esta semana), aumenta el precio de la comida. A esto hay que sumarle pasivos ocultos que nunca se computan: costo ambiental, accidentes viales, mantenimiento de rutas etc .
Latifundio, destrucción de la chacra mixta, producción sin productores, integración vertical, posición dominante, deforestación, depredación ambiental, migraciones rurales y deslocalización productiva para sembrar soja hasta en las banquinas. Este es el modelo productivo dominante instalado por el mercado a partir de la década del 90. Todo está mal en esta forma de producir los alimentos. Y el precio que pagan los consumidores es la certificación final del desquicio productivo que padecemos.
La Argentina debe rediscutir su modelo agrícola. Hay tres interrogantes que la política debe responder en torno a este tema:
1. ¿Quién es el sujeto que produce los alimentos ? Se puede hacer de las dos maneras: con Albina o con los Hijos de Salvador Muñoz. Si es con Albina hace falta más Estado y más recursos. Si es con los segundos, a no quejarse por los precios.
2. ¿Dónde se producen? O se garantiza el acceso a la tierra a los pequeños productores y se va a la producción cercanía, con chacra mixta incluida, o se sigue con la deslocalización productiva como sucede hoy, con alimentos viajeros y caros.
3. ¿Cómo se produce? O se va hacia un modelo agroecológico, amigable con el medio ambiente y la salud, o se sigue este rumbo de producción industrial con uso de agrotóxicos.










