Carlos Heller
Cuando el miércoles pasado el ministro de Economía, Sergio Massa, anunció la línea de crédito para los jubilados desde $5.000 a $400.000, a una tasa del 29% anual, y hasta en 48 cuotas, se está asumiendo un costo fiscal para llevar alivio al bolsillo de los jubilados y también para cuidar el mercado interno.
Esa medida forma parte de un esquema integrado de política fiscal, financiera y también monetaria, que pasa por administrar los recursos con los que cuenta el Estado, los que recauda y los que tiene acumulados.
De hecho, el alivio será posible gracias a los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses, en particular por la ganancia que generó el canje de bonos en dólares por bonos duales durante marzo, que se decía sería un fracaso e iría en contra de los jubilados, algo que no sucedió.
Claro que hay dificultades y que la presencia del FMI complejiza todo.
Pero hay avances: se confirmó la tendencia a la desaceleración de la inflación. En junio el IPC registró una variación del 6%, bastante por debajo del pico de abril (+8,4%). La desaceleración respecto del mes anterior fue generalizada al interior de sus divisiones (10 de un total de 12) y la inflación denominada núcleo, que no incluye precios estacionales y regulados, se ubicó en un 6,5%, el valor más bajo desde enero. En la división de Alimentos y bebidas no alcohólicas (que marcó un 4,1% en junio a nivel nacional) incidió principalmente la desaceleración de las verduras y frutas: según el Banco Central, este comportamiento fue un reflejo de que se fueron disipando los efectos adversos de la sequía, que en febrero, marzo y abril habían presionado al alza.
Si bien sigue siendo un valor muy alto, la evolución nos muestra que la desaceleración gradual es una meta posible y que puede conseguirse sin tener que recurrir a las políticas de ajuste. Por caso, la Secretaría de Comercio acordó con el sector farmacéutico mantener los precios de los medicamentos por debajo de la evolución de la inflación hasta fines de agosto.
La gestión de las políticas públicas nunca es sencilla, pero no se debe perder de vista lo esencial, que es el “para quién” se gobierna. Es el punto central de la disputa que hay entre los dos modelos y que tendrá un momento clave en las próximas elecciones.