Por Esther Vivas
El sistema alimentario mundial está roto. Dominado en gran medida por corporaciones multinacionales, permite y fomenta patrones de producción y consumo insostenibles e insalubres y genera enormes desechos en todas las etapas de producción y distribución.
El sistema alimentario mundial también produce emisiones masivas de gases de efecto invernadero , lo que inflige un daño ecológico sustancial y priva a los pequeños agricultores de muchos países de medios de vida seguros y viables. Quizás lo peor de todo es que el acceso a los alimentos sigue siendo profundamente desigual, lo que provoca que el hambre extrema aumente en lugar de disminuir.
El gas y la codicia
La escasez mundial de fertilizantes es un ejemplo de ello. Los precios se dispararon en 2021, debido al aumento del costo del gas natural, un insumo esencial para los fertilizantes a base de nitrógeno, y continuaron disparándose en 2022 después de que la guerra en Ucrania desencadenara sanciones económicas a Rusia, un importante exportador de fertilizantes. Pero se ha vuelto cada vez más claro que las empresas explotaron esta crisis para aumentar los precios más allá del aumento de los costos. Un estudio reciente realizado por Grain, la organización internacional sin fines de lucro que apoya a los pequeños agricultores y movimientos sociales en sus luchas por sistemas alimentarios basados en la biodiversidad, revela que las ganancias de las nueve compañías de fertilizantes más grandes del mundo aumentaron de alrededor de 14.000 millones de dólares en 2020 a 28.000 millones en 2021, y luego se dispararon a 49.000 millones de dólares en 2022.
El alza en los precios de los fertilizantes no se debió a mayores volúmenes de venta. Más bien, los aumentos de precios reflejaron la codicia: las corporaciones aprovecharon los choques de oferta para aumentar drásticamente sus márgenes de ganancias, de aproximadamente el 20% de las ventas en 2020, al 36% en 2022.
En la actualidad, los agricultores de países de bajos ingresos deben pagar casi el triple de lo que pagaban hace apenas un par de años para fertilizar sus cultivos.
Los precios persistentemente altos de los fertilizantes, advirtió la ONU a finales de 2022, amenazan con convertir la actual “crisis de asequibilidad” en una “crisis de disponibilidad”.
Instintos letales
Para evitar más interrupciones en las cadenas de suministro de alimentos, los gobiernos de India, Kenia y Filipinas han aumentado los subsidios a los agricultores, mientras que la Unión Europea ha adoptado medidas para fomentar la producción nacional de fertilizantes. Pero el uso de fertilizantes químicos en sí mismo está asociado con importantes problemas ecológicos, lo que plantea riesgos para la agricultura sostenible y el planeta. Además de representar el 2,4% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, los fertilizantes químicos son responsables de la degradación del suelo, el agotamiento de la capa de ozono, la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire.
Dados estos riesgos, los gobiernos deberían evitar respuestas instintivas que probablemente socavarán la sostenibilidad ecológica a largo plazo. En cambio, los formuladores de políticas deben subsidiar tecnologías agroecológicas alternativas basadas en prácticas como la rotación de cultivos, fertilizantes naturales y pesticidas, que podrían ayudar a reducir la dependencia de los fertilizantes químicos y mantener altos rendimientos.
Este enfoque no sólo reduciría los costos para los agricultores, sino que también mitigaría el daño ambiental causado por los fertilizantes nitrogenados.
Enfoque agroecológico
Sin duda, esta transición no debe llevarse a cabo con demasiada rapidez. Cuando Sri Lanka prohibió abruptamente las importaciones de fertilizantes químicos en 2021, el resultado fue una reducción drástica de la producción nacional de alimentos y una grave escasez de alimentos. Pero un creciente cuerpo de evidencia sugiere que los enfoques agroecológicos cuidadosamente implementados podrían aumentar significativamente la productividad y la calidad del suelo y podrían ampliarse según sea necesario. Desafortunadamente, la mayor parte de la inversión privada sigue apostando por un mayor uso de fertilizantes químicos, en lugar de canalizar más recursos hacia la agricultura agroecológica. Mientras tanto, los agricultores de todo el continente son cada vez más vulnerables a medida que se vuelven más dependientes de los fertilizantes químicos y otros insumos adquiridos cuyos precios se han disparado.
Para abordar los desafíos ambientales que enfrenta nuestro mundo y mitigar los peores efectos del cambio climático, debemos reorientar el sistema alimentario hacia un camino más sostenible y equitativo. Esto requiere transformar muchas áreas de la producción de alimentos, en particular los mercados altamente oligopólicos de insumos y cultivos agrícolas.