Hojas sueltas… Puro humo

Andrés Asiain - Economista

Andrés Asiain

Horacio Rodríguez Larreta criticó la política de control de precios del Gobierno e indicó que no se bajan “mandando militantes de La Cámpora a controlar o apretar supermercados”. Tras contar que viajó a Israel a estudiar el plan de estabilización de 1985, detalló los contenidos del programa de estabilización que aplicará en caso de ser presidente. Pese a prometer que bajará la carga impositiva, sostuvo que equilibrará las cuentas públicas enumerando una serie de buenas intenciones donde la única medida concreta sería “eliminar el déficit de empresas públicas como Aerolíneas Argentinas”. También pregonó que logrará la “estabilidad cambiaria” por medio de “un Banco Central independiente”, eliminará los múltiples tipos de cambio y recuperará el crédito. Luego indicó que “el salario real va a estar recuperado al final del mandato”, mostrando que para los trabajadores no tiene siquiera falsas promesas. El plan de estabilización de Larreta tiene pocas similitudes con el aplicado por Israel en los ‘80. Mientras que Larreta no se anima a plantear controles de precios, Israel aplicó un congelamiento de los precios. Israel tuvo en cuenta la inercia inflacionaria, negociando con los sindicatos un aumento salarial a cambio de eliminar su indexación. Ese programa funcionó con un ancla cambiaria que congeló el tipo de cambio tras su alza inicial, bancando una apreciación del tipo de cambio que fue la que permitió que los salarios reales recuperaran el poder adquisitivo. Esa política se sostuvo con una asistencia financiera norteamericana no reembolsable equivalente al 7,5% de su PBI. El ajuste fiscal de Larreta suena a verso desde que plantea bajar impuestos y el déficit de las empresas públicas (de lograr eliminarlo), sólo representa 1 punto del producto. Además de no tener en cuenta el problema de la inercia inflacionaria y evitar hablar de congelamiento de precios, tampoco cuenta con herramientas claras para estabilizar el tipo de cambio. A diferencia de Israel, el próximo gobierno argentino deberá enfrentar gigantescos vencimientos de deudas que forzarán una nueva reestructuración. Frente a semejante panorama externo, las propuestas de un Banco Central independiente (que ya lo es) y recuperar el crédito, son puro humo. La devaluación implícita en la unificación cambiaria, puede forzar cierta caída de los ingresos y la actividad que deprima las importaciones. Sin embargo, dado que no se plantean congelamientos de precios ni medidas contra la indexación, la suba del dólar oficial acelerará fuertemente la tasa de inflación.