Argentina suele encaramar candidatos políticos singulares. Algunos más histriónicos, grotescos e incongruentes que otros. De alguna manera, estos personajes se las ha ingeniado para llamar la atención y engatusar a más de uno mezclando demandas reales y urgentes con disparates más o menos divertidos. Repiten sus sandeces sin tomar aire para respirar. Anuncian apocalipsis que sólo ellos pueden conjurar. Se adjudican éxitos inverosímiles y presumen ser “lo nuevo” al tener partidarios libres de cargos públicos. Así como hay zonas declaradas libres de la mosca de la fruta, ellos dicen tener “listas libres de exfuncionarios”. Estos carnavalescos dirigentes no son, en realidad, nuevos. Lo demuestra esta publicación aparecida en Time (Nueva York, lunes 22 de marzo de 1943).
Durante el carnaval de Buenos Aires la semana pasada, la policía arrestó a 12 hombres por violar las reglas del carnaval al usar máscaras. Uno de los 12 resultó ser el hombre que los otros 11 estaban personificando: el Dr. Genaro Giacobini, entusiasta, ambicioso y pequeño, los había inducido a dar vueltas, como él mismo lo estaba haciendo, y anotar «Giacobini para presidente» en paredes y casas. El Dr. Giacobini encabeza el Partido Salud Pública, con 34 miembros. Con traje negro de enterrador, cuello de pajarita y corbata negra, guantes negros y bombín, aparece en partidos de fútbol, piscinas, mercados públicos y parques, se quita las correas de su plataforma portátil y arenga a favor de los votos en las próximas elecciones presidenciales de Argentina. Ex miembro del Concejo Municipal de Buenos Aires, presentó unos 4.000 proyectos, nunca dejó de hablar al menos una hora en cada sesión.
Su programa pide, entre otras cosas, el fin inmediato de la guerra, la mejora del zoológico municipal, la limpieza del aire en Buenos Aires, el sufragio femenino y más luces y bancos en el parque de su barrio. También propone solucionar tanto la situación financiera como la escasez de combustible, quemando la basura del país para generar electricidad.
El mes pasado, el Dr. Giacobini le escribió al Papa, pidiéndole «en mi calidad de fundador y presidente del Partido Salud Pública» que terminara la guerra. No ha recibido respuesta, pero está convencido de que la visita del arzobispo Spellman al Vaticano estuvo estrechamente relacionada con su carta. Eufórico por este éxito, el Dr. Giacobini decidió la semana pasada dirigir epístolas similares al presidente Roosevelt, Winston Churchill, Joseph Stalin, Adolf Hitler y Benito Mussolini, ofreciéndose como mediador para la Segunda Guerra Mundial.









