Yo digo… El efecto de la mirada

Por David Bueno

Casi desde el nacimiento, las personas aprendemos a reconocer y responder a las señales sociales, y la mirada desempeña un papel crucial en este proceso. Pocos días después de nacer, los bebés ya muestran el impulso inconsciente de fijarse en la mirada de las demás personas, especialmente de sus cuidadores, para empezar a establecer el vínculo que sustenta las bases de la socialización.
A través de la mirada transmitimos nuestro estado emocional. Y a través de este instinto los bebés aprenden cómo deben responder a las miradas emocionales de las demás personas, y cómo los otros responden a las suyas. La expresión facial también comunica el estado emocional, pero constituye el marco que matiza la transmisión emocional a través de las miradas.
La comunicación visual es una forma fundamental de interacción social y puede transmitir de manera efectiva una información emocional y social, que estimula la atención y la vigilancia. Lo que, de rebote, influye en nuestro comportamiento.



La presión social
Uno de los mecanismos que contribuyen al efecto de la mirada es la sensación de vigilancia y la presión social que percibimos cuando sentimos que otros nos miran. Saber que estamos siendo observados activa los sistemas atencionales de nuestro cerebro, tanto los automatizados, que se encuentran en el tálamo, como los reflexivos de la corteza prefrontal.
El tálamo es la estructura cerebral que se activa cuando un suceso externo o un pensamiento resultan ser suficientemente relevantes como para necesitar de nuestra atención, lo que determina el umbral de conciencia. Y, a partir de esta activación preconsciente, la corteza prefrontal gestiona la atención consciente y voluntaria, lo que aumenta nuestra autoconciencia y nos hace más conscientes de nuestras acciones. Eso nos ayuda a anticipar sus consecuencias en el plano social.
Esta conciencia adicional favorece una autorregulación más estricta de nuestro comportamiento, una inhibición de lo que nos gustaría hacer o de nuestros impulsos, para evitar la desaprobación de nuestro entorno o posibles consecuencias negativas derivadas de un comportamiento inapropiado.
La influencia de la mirada en nuestro comportamiento ha sido demostrada en una serie de experimentos rigurosos. En uno de ellos se colocó un cartel que decía “No tirar basura”, y se observó el comportamiento de las personas que pasaban. En algunas ocasiones, junto al letrero se colocaba una imagen de unos ojos y en otras, sólo el texto. Los resultados mostraron que, cuando los ojos estaban presentes, se reducía significativamente el número de personas que tiraban papeles u otros objetos al suelo, en comparación con las situaciones en las que no se encontraban presentes los ojos. En otro estudio se usaron cámaras de vigilancia simuladas en un bar. Los investigadores observaron que, cuando los clientes creían que estaban siendo grabados, eran más propensos a limpiar sus mesas después de utilizarlas, en comparación con aquellos que no percibían la presencia de cámaras.

Contextos sociales
Existen diferentes hipótesis que tratan de explicar el efecto de la mirada en nuestro comportamiento. No son hipótesis excluyentes, sino complementarias.
Por un lado, hay hipótesis que se centran en la importancia del control social. Estas hipótesis sugieren que sentirnos observados nos recuerda las normas sociales y las expectativas de comportamiento que se nos atribuyen. Cuando nos sentimos observados, somos más propensos a internalizar estas normas y a actuar de acuerdo con ellas.
Por este motivo, hay adolescentes capaces de realizar las acciones más arriesgadas o sin sentido simplemente porque piensan que eso es lo que espera su entorno social.
El otro grupo de hipótesis se basan en la autorregulación. Plantean que la mirada de los demás funciona como un estímulo que nos ayuda a monitorizar mejor nuestro comportamiento, y por lo tanto a regularlo con más eficiencia. Al sentirnos observados, nos autoevaluamos y ajustamos nuestra conducta para mantener una imagen positiva de nosotros mismos, también ante nuestro entorno.
En situaciones en las que las normas sociales son claras y se espera un comportamiento adecuado, la presencia de miradas refuerzan estas expectativas y llevan a un mayor cumplimiento. Sin embargo, en contextos en los que las normas son ambiguas o existe una tolerancia social hacia conductas no estandarizadas, el efecto de la mirada puede ser menos pronunciado.
El efecto de la mirada es un fenómeno psicológico bien documentado que muestra cómo el comportamiento humano puede ser moldeado y alterado por la presencia de otras personas. La sensación de vigilancia y la presión social que experimentamos al ser observados nos lleva a comportarnos de manera más adecuada a lo que suponemos que se espera de nosotros.