Hojas sueltas… Enseñar con sentido

David Bueno

La didáctica y la pedagogía avanzaron muchísimo porque ahora podemos ver qué pasa en el cerebro del niño con determinadas prácticas. Esto nos permite nutrir una teoría de cómo debería ser la secuenciación de los aprendizajes y cómo se deberían transmitir los conocimientos para que cuando sean adultos puedan sacar el máximo provecho de su tiempo en la escuela. La educación siempre oscilará un poco, pero debemos fijarnos en lo que realmente funciona. Muchas cosas ya las hacemos, lo importante es no volver atrás. La educación formal a veces se regía por modas, así se dictaban algunas políticas ineficientes. Se discute mucho si debemos enfatizar la memorización de ciertas cosas. Claro que sí, la memoria es parte importante del cerebro. La imaginación, la creatividad, se nutre de experiencias y conocimientos previos, si no tenemos memoria ni experiencias, no podemos imaginar ni crear. Si los chicos memorizan cosas, bien, pero si luego le pedimos que reciten esas cosas tal cual se la hemos dictado bloqueamos su capacidad creativa. Hay que combinar cosas que ya se hacían antes, como memorizar, pero debemos evitar que sea simplemente repetir cosas que el cerebro no sabe ni por qué ha aprendido eso. Lo que has memorizado te tiene que servir para aplicarlo en alguna situación. Hay que introducir estas situaciones, trabajar con situaciones reales. Tenemos que ser un libro activo, no una enciclopedia. Se ha visto que hasta los cuatro, cinco o seis años, el aprendizaje más importante es sensorial. Cualquier aprendizaje posterior vendrá por los sentidos. Si queremos que los chicos luego continúen aprendiendo, lo más importante es que el cerebro aprenda a integrar los sentidos. El cerebro tiene que aprender a interpretar lo que percibe. Por eso, los primeros años de vida hay que fomentar que el niño explore de forma global la vista, el oído, el olfato, el tacto, el gusto y la psicomotricidad. Luego, entre los cinco, seis o siete años lo que el cerebro hace es potenciar la plasticidad, que es lo que permite hacer conexiones nuevas para almacenar aprendizajes. La sensorialidad para que entre; la plasticidad para que se fije. Para ello, nada mejor que ser positivos. Un niño educado con parentalidad negativa, con indiferencia, se le va conformando el cerebro de una manera muy diferente que a alguien criado con parentalidad positiva, que da la recompensa justa a lo que está haciendo en positivo.