Pedro Peretti
El silobolsa es una creación del genio inventivo argentino que cambió radicalmente la forma de comercializar el cereal. Ya no se necesitan costosas instalaciones fijas de silos para almacenar las cosechas. El “chorizo” permite a productores y acopiadores una forma móvil, sencilla y práctica de conservar los granos. Pero, ¡ojo!, También facilita la evasión fiscal.
El problema que subyace desde hace un tiempo y que el Estado no ha logrado controlas es: ¿qué hacen las grandes empresas agroexportadoras acopiando como minorista miles de toneladas de soja? Cómo puede ser que se le permita a una empresa exportadora estar presenten en “todos” los eslabones de la cadena productiva, dándole una posición dominante en el mercado. Estas transnacionales fungen de productores, acopiadores, refinadoras y exportadoras, ya sea de productos elaborados o sin elaborar, en forma legal o ilegal. Las hacen todas. La cadena agroalimentaria argentina no tiene un “gran desorden”, como se quejan los dirigentes de las patronales agropecuarias… lo que tiene son monopolios. ¿Por qué se les consiente este tipo de prácticas? No lo sabemos, aunque podemos imaginar las presiones y maniobras que utilizan las grandes compañías para granjearse la amistad de algunos referentes políticos que defienden sus intereses, aunque digan que les preocupa “la mesa de los argentinos”. La realidad es que el campo popular acusa una tremenda derrota cultural en este rubro. Su contracara es la victoria que logró el neoliberalismo en los 90, cuando instalaron como único sentido común productivo posible el del monocultivo de soja y todo lo adyacente a él. La magnitud del carácter extendido y monopólico de la exportación de granos se constata en innumerables localidades de la Argentina, donde un gran pulpo multinacional compite deslealmente con acopios locales, precarizando el trabajo rural y propiciando la venta directa del productor al exportador, devastando a los pequeños pueblos a los que ya no le dejan nada de lo que producen. Todo el sistema está preparado para la expoliación del interior profundo. Argentina tiene que tomar dos resoluciones claves en su comercio mayorista de granos. La primera: prohibir las ventas directas del productor a las compañías agroexportadoras, ya que eso genera lisa y llanamente una competencia desleal que desplaza cooperativas y acopios locales. Y la otra resolución: es pesar, sí pesar, las exportaciones. ¿Quién controla el cereal que cargan estas multinacionales y que envían a sus propios puertos privados? Nadie, sólo ellos.










