Hojas Sueltas… Medios y presidentes

Alfredo Serrano

En muchas encuestas que hicimos en Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) detectamos que en muchos países la mayoría de la ciudadanía no cree lo que nos “cuentan” los grandes medios de comunicación. Por ejemplo, en Argentina, en abril de 2019, a pocos meses de la cita electoral presidencial, sólo el 24% consideraba que informaban correctamente. En Bolivia, unos meses antes de las elecciones de octubre de 2020, este valor era del 20%. En 2022, en México, Televisa tenía una valoración a favor del 29%. En Chile la imagen positiva de la prensa no llegaba al 30%. En Perú, uno de los canales más importantes del país, América TV, tenía una credibilidad del 27%. Y en Colombia no lograban alcanzar el 30% de confianza. En ninguno de esos países la prensa logró imponer a “su candidato”. ¿Por qué ocurre esto a pesar del poderío que tienen y ejercen? En primer lugar, porque en muchas ocasiones se han desconectado de lo que le preocupa a la gente en su cotidianeidad. Cayeron en el mismo error que ellos critican a la clase política: vivir en su propia burbuja. En segundo lugar, porque acaban dirigiéndose exclusivamente a su propio público, es decir, convencen a los que ya están convencidos. En tercer lugar, porque tienen un manual obsoleto. El mejor ejemplo es la cantinela de “si gana la izquierda, el país se volverá como Venezuela”. Este mensaje no cala, salvo en aquellos que jamás votarían por dicha alternativa ideológica. En Celag preguntamos esto para Argentina y los datos son elocuentes: sólo el 28% está de acuerdo con esa tesis. Estamos en una época de tanta oferta y consumo mediático que consultar la prensa se ha convertido más en un modo de entretenimiento que en una vía real para informarse. Además, la inmediatez y lo efímero se imponen a la veracidad. Las redes sociales han ensanchado tanto la manera de estar informados y comunicados que ha mermado la capacidad de la prensa tradicional de concentrar la atención y fidelidad de las mayorías. Ninguna de estas razones debería llevarnos a la conclusión de que los grandes medios no tienen aún la fuerza suficiente para para instalar agendas, para cercenar la imagen de un político y para mucho más, pero esto no significa que logren modificar todos los sentidos comunes e imaginarios. Sería un enorme error “regalarles” más importancia de la que tienen.