Por Carlos Heller
Me interesa comenzar reflexionando sobre el habitual informe de gestión que brinda la Jefatura de Gabinete, en la Cámara de Diputados.
Justo cuando ayer conmemoramos un nuevo Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, vale traer la frase de Agustín Rossi, indicando que “el canciller argentino le notificó en estos días a su par británico que la Argentina da por terminado el ignominioso acuerdo Foradori-Duncan, algo que no tiene nada que ver con nuestras políticas históricas para defender la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas”. El lesivo acuerdo había sido firmado en 2016 por el anterior gobierno e implicaba una inaceptable cesión a los intereses británicos para la explotación de los recursos naturales argentinos en la región. Además, daba marcha atrás con los reclamos de soberanía, un concepto que –no sólo en lo relativo a la cuestión Malvinas— jamás formó parte de la agenda de lo que hoy es la principal fuerza de la oposición. No está de más recordar las palabras de Patricia Bullrich en 2021, afirmando en un programa de televisión que en la negociación con Pfizer por las vacunas del Covid-19 a “las Islas Malvinas se las podríamos haber dado”. Por otro lado, Rossi también señaló que “en la Argentina en este año conviven cuatro crisis: la de la pandemia, la de la guerra, la de la sequía y la crisis que genera en la economía el endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional”.
En este contexto, destacó el crecimiento del país de los dos últimos años y el descenso al 6,3%, de la desocupación del cuarto trimestre. También mencionó la suba en la inversión en obra pública, con la que no sólo se potencia el sector de la construcción y la generación de empleo, sino que también se garantiza el acceso a la casa propia (se está por entregar la vivienda 100.000). Una de las estadísticas a tener en cuenta es la inversión extranjera directa, que estuvo arriba de los U$S 15.000 millones el año pasado, superando, según indicó el jefe de Gabinete, el máximo que existió entre 2015 y 2019, que tuvo un techo de U$S 11 .000 millones.
Presiones que no cesan
Tomando los datos económicos de la coyuntura, cabe mencionar el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de enero, que mostró una suba mensual desestacionalizada del 0,3%, interrumpiendo cuatro meses de caída. En su medición interanual llegó al 2,9%, un valor impactado por la sequía, ya que el rubro Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura restó unos 0,7 puntos porcentuales al crecimiento total, el único rubro con caída interanual.
Sin embargo, la pobreza no deja de preocupar. En el segundo semestre de 2022, las personas en situación de pobreza llegaron al 39,2% de la población alcanzada por la encuesta del Indec (29,3 millones), que significa una suba respecto al 37,3% de igual período de 2021. Esta evolución estuvo muy marcada por la aceleración de la inflación que se produjo en julio, tras los intencionados rumores de reperfilamiento de la deuda pública que instalaron referentes de JxC. Son presiones que no cesan: en esta semana, empresas productoras de alimentos habrían estado presionando por aumentos de entre el 20% y el 40%, muy por encima del 3,2% de aumento mensual que aceptaron cuando firmaron el programa de Precios Justos. A su vez, los últimos indicadores sociales del Indec mostraron que la indigencia se redujo ligeramente, pasando del 8,2% de las personas en el segundo semestre de 2021, al 8,1% en el mismo período de 2022. Cabe señalar que, en gran medida, este amesetamiento se debe a las políticas sociales implementadas por el gobierno, que impidieron un mayor impacto negativo. Estos datos dejan en claro que con el crecimiento sólo no alcanza (sin crecimiento tampoco se puede) y que es necesario continuar con el actual rumbo, pero profundizando las mejoras en la distribución del ingreso. Hace falta reforzar el uso de las herramientas disponibles, tanto para mejorar los indicadores sociales como para enfrentar el fenómeno inflacionario (con fuertes sanciones a quienes aumentan exageradamente los precios). No me canso de mencionar que la inflación proviene de la puja distributiva, de la incertidumbre que se construye y de la especulación de ciertos sectores de la sociedad, y los datos que se conocen día a día refuerzan esta tesitura. Los desafíos son muchos y lo que se intenta, en una coyuntura sumamente compleja, es buscar caminos que permitan avanzar hacia un horizonte de crecimiento e inclusión social.










