25 días para el desdoblamiento o simultaneidad de los comicios

Horas de definiciones para Gustavo Bordet.

El peronismo entrerriano atraviesa semanas claves para la resolución de las reglas de juego en la provincia. Sin cambios respecto a la incorporación de minorías, cuáles son las dos hipótesis principales en Casa Gris. El panorama de la oposición.

Por Mariano Osuna 



El inicio del mes de abril presupone un momento decisivo para la política entrerriana, especialmente para las determinaciones sobre el proceso electoral que se avecina. En las primeras dos semanas de diciembre pasado, las dos cámaras legislativas de la provincia aprobaron, con acompañamiento opositor, diversas modificaciones a la Ley Nº 10615, que había dispuesto en 2018 la posibilidad que el Gobierno provincial defina la separación o la concomitancia de las elecciones. La última reforma, hace cuatro meses, implicó cambios en el calendario establecido en aquella normativa, retrasando las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para el 30 de julio y la votación general para el 24 de septiembre. Eso además permitió que esa decisión, a cargo del gobernador Gustavo Bordet, se postergue de los primeros días de enero hasta el próximo 27 de abril, a tono con las expectativas de ese momento sobre los resultados económicos y el desenlace del Frente de Todos a nivel nacional.

Aquellas dos variables condicionantes del tablero general no tuvieron el efecto anhelado en estos meses: la inflación, punto crucial de la situación socioeconómica, no dio tregua, en un contexto de crecimiento económico pero graves asimetrías en la distribución de los ingresos; y la discusión al interior de la coalición gobernante no tuvo como respuesta un proceso de ordenamiento ni síntesis de sus referencialidades y liderazgos. Justamente, la opción del desacople de las fechas corresponde a una hipótesis inicial, con esas configuraciones de lo social y ese diagnóstico político, donde el propósito central es la provincialización del debate, la campaña y sus estrategias. Si esta alternativa, en el segundo semestre del año pasado, era la preferida en el análisis de la mesa chica de Casa Gris, las propias contingencias políticas desempolvaron otras conjeturas viables.

La otra vía posible implica la coincidencia de los cronogramas, con la justificación que los dos elementos descriptos, sobre la economía y la alianza gobernante, serían ordenadores naturales de la contienda electoral. Algo que no ocurrió. A ese análisis, también añadirle las propias dificultades del peronismo entrerriano, que en una visión casi derrotista, especuló hasta el final con el silencio al interior y al exterior de los límites de Casa de Gobierno. La negativa a los cambios prometidos a la carta orgánica del Partido Justicialista sentenció la posibilidad de internas abiertas con igualdad en las reglas de juego, como la posterior incorporación de las minorías. Una dirección conceptual que fue ratificada por las propias declaraciones de Bordet sobre su rol en la selección de una lista con los mayores consensos, que indudablemente será la boleta oficial, y que no impedirá la presentación de otras nóminas aunque su destino solamente estará atado a las chances de triunfo en la instancia interna. Sin variaciones en la Carta Orgánica cualquier disputa contra la estructura oficial será a todo o nada, sin capacidad de una síntesis representativa hacia los comicios generales. Ese escenario tomó mayor relevancia en los últimos tiempos, atravesado por los cruces de operaciones, encuestas y sondeos, donde una derrota, en un esquema eleccionario conjunto, amortigua los daños de la batalla perdida, con la argumentación que la polarización absorberá cualquier otro factor que condicione el devenir de la votación provincial.

Silencio y movimiento

La propia incógnita sobre desdoblamiento o simultaneidad de los comicios trajo aparejado diferentes limitaciones para la resolución de los nombres para la competencia principal por la gobernación. Hace seis meses, el panorama de las precandidaturas en danza del oficialismo abarcaban al intendente de Concordia, Enrique Cresto, que encabezó la lista de diputados nacionales en 2021, aunque luego no asumió y se hizo cargo de la administración del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa); al presidente municipal de Gualeguaychú, Martín Piaggio, que como su par de la capital del citrus tampoco puede ser reelecto en la ciudad del carnaval; al intendente de Paraná, Adán Bahl, que tiene la oportunidad de un nuevo mandato en la capital entrerriana, aunque nunca renunció a sus intenciones de ir por el puesto mayor; a la vicegobernadora Laura Stratta, con la peculiaridad que un triunfo la colocaría como la primera mujer gobernadora de la provincia; y al ex vicegobernador José Lauritto, que nunca confirmó su voluntad para la sucesión del sillón estelar de Casa de Gobierno, y que en la inauguración del Museo de la Ciudad, el pasado 3 de febrero, dejó oraciones y gestos de una postulación por una tercera gestión en la intendencia.

La propia dinámica política hizo que ese radar de nombres sufriera mutaciones, con la incorporación del secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Juan Bahillo, que tomó vuelo después de su designación en el gabinete económico de Sergio Massa: y la vuelta del ex gobernador, Sergio Urribarri, quien tras presentaciones de libros, recorridas y actos, realizó presentaciones judiciales para que se habilite su postulación. En la mesa principal de Casa Gris, con la evaluación de los números actuales y el factor de la temporalidad, ninguno de los dos planes encuentra los acuerdos necesarios. Distintos sectores del peronismo, con relación fluida con Casa Gris, expresan que el mejor candidato, en un escenario de desdoblamiento, es Bahl, quien además fue vicegobernador del primer período de gobierno de Bordet y ministro de Gobierno de los dos mandatarios anteriores. Su mayor dificultad es el ritmo de la gestión en Paraná, que limita los tiempos necesarios para la instalación de una candidatura provincial, en sus diferentes perspectivas territoriales, geográficas y de conocimiento público. En simultáneo, el desafío de construir una candidatura nueva para la municipalidad, donde grupos con tradición histórica en la ciudad, como Renacer Peronista del ex vicegobernador José Cáceres o La Jauretche del diputado Julio Solanas, también apuestan a llevar su propia lista en la capital. No obstante, esas mismas voces, que promueven al Intendente de Paraná, sostienen que en un panorama de concordancia de las fechas, los nombres con mejores posibilidades son los que salgan fortalecidos de una interna abierta que incluya también a los nombres de Stratta, Cresto y Piaggio, en un formato de tracción de votos.

Sin reforma de la carta orgánica, la centralidad de esa decisión estará en el Mandatario entrerriano, como también pasó en 2007 y 2015, a la espera además de la determinación del rol que el propio Bordet ocupará en esa lista como legislador nacional o como diputado provincial. La única certeza allí es que el modelo de internas abiertas para el fortalecimiento de una boleta ganadora, con igualdad de condiciones respecto al apoyo de la estructura gubernamental, no parece una alternativa del menú de Bordet. Aunque la situación exija lo contrario, y las encuestas lo respalden, la mejor opción en la mesa chica de Casa Gris siempre fue construir una lista de consenso. Bahl apuesta a ser ungido en esa síntesis electoral, pero en un escenario de verdadera unidad, donde haya chances reales de retener la gobernación, ya que tiene la facultad de ser reelecto en Paraná, cabecera del departamento que representa un tercio del padrón total.

Lauritto nunca confirmó su voluntad de suceder a Bordet y su destino apunta al Municipio.

Fórmula que gana no se toca

Como anticipó LA CALLE, en la vereda opositora, la calma preponderante, luego de los comicios de medio término, tuvo sus turbulencias en el último bimestre. A diferencia del peronismo, en Juntos por el Cambio existe incorporación de las minorías, con un piso de votos del 25% de la competencia interna. Aunque el mínimo exigido es elevado, el ejemplo de las elecciones legislativas de 2021, demostró que no es imposible. Allí, el actual legislador nacional, Pedro Galimberti, superó esa barrera y se metió en la tercera posición de la lista final, que fue encabezada por el ex ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Con ese ensayo aprobado, ambos dirigentes se constituyeron en precandidatos para la categoría principal de las elecciones provinciales de este año, con el propósito de repetir una fórmula que favoreció la complementariedad de los electorados.

En JxC deben incorporar a las minorías, con un piso de votos del 25% en la interna y Galimberti busca repetir.

En paralelo, la Unión Cívica Radical (UCR) renueva sus autoridades provinciales el próximo 16 de abril, con dos propuestas que ratifican ese camino, aunque de fondo se encuentra la puja por la conducción de la alianza de Juntos por el Cambio, donde el partido centenario arriesga la posibilidad de no llevar candidato propio a la gobernación, como ya ocurrió en 2015 cuando el nombre de consenso fue el actual senador Alfredo De Ángeli. Esa contienda interna del radicalismo se expresa en las nóminas encabezadas por el ex legislador provincial Fuad Sosa, que integra a la dirigencia que apuesta por Frigerio o que fomenta una postulación del ex diputado Fabián Rogel; y por el intendente de Crespo, Darío Schneider, que es uno de los referentes del espacio de Galimberti. Una victoria o una derrota, para ambos lados, cambiará la correlación de fuerzas al interior del partido, pero fundamentalmente en la propia conformación de la coalición opositora.

Rogelio Frigerio tuvo que afrontar turbulencias internas en el último bimestre.