Luis Britto
Causó conmoción mediática un robot que parecería haber pasado exitosamente el test de Turing al producir mensajes difícilmente diferenciables de los que emite un ser humano.
Mecanismos informáticos nos suplantan progresivamente. Cajeros automáticos desplazan a sus homólogos biológicos; dispositivos cibernéticos conducen autos, aviones y drones; analistas artificiales diagnostican enfermedades o interpretan documentos jurídicos con mayor precisión que sus colegas biológicos. Las máquinas redactan, componen música y vencen en ajedrez al campeón mundial del juego ciencia. Incrementan su velocidad y capacidades de manera exponencial, mientras que las nuestras permanecen estáticas. Los analistas anticipan que durante esta década la informatización hará desaparecer más del 40% de los puestos de trabajo. Ello podría dar lugar a tres futuros. El primero de ellos es el de la obsolescencia del ser humano. En un mundo capitalista donde el 10% de la población posee el 80% de la riqueza, la inmensa mayoría que vive de la venta de su fuerza de trabajo devendrá inútil en cuanto las máquinas desempeñen sus labores de forma más rápida, barata y eficiente. Esclavos mecánicos trabajarán para una oligarquía de propietarios integrada apenas por el 10 o el 1% de lo que fuera alguna vez la población mundial. El exterminio de la mayoría resolverá además para la élite los problemas de la contaminación, la inestabilidad política y el agotamiento de los recursos naturales. El segundo futuro potencial es el de la progresiva fusión del ser humano con la maquinaria. Aceptamos en nuestro cuerpo prótesis, válvulas, marcapasos. Podríamos integrar órganos y funciones informáticas hasta desdibujar límites entre lo artificial y lo natural. Pero nuestra disponibilidad de implantes sería paralela a la capacidad de comprarlos. El tercer futuro posible es la afirmación de que la vida humana es un valor en sí misma, y que el arte puede ofrecernos una salida. Todo el arte moderno nace de la respuesta ante una máquina. La invención de la fotografía en 1824 pareció hacer inútil a la pintura y a los artistas plásticos… Sin embargo los desafió a plasmar todo lo que la cámara no podía hacer: al principio el color, con el Impresionismo. Luego, la representación de la locura y los sueños, con el Dadaísmo y el Surrealismo. En fin, el retrato de las Ideas Puras, con el cubismo, el abstraccionismo y las emociones, con el Expresionismo. No estamos ante el abismo, sino ante el Renacimiento.










