Yo digo… Imitar para vivir

Por David Bueno

Desde los primeros días de vida los hijos aprenden modelos de interrelación social a base del día a día con sus padres, imitándolos. Perciben cómo estos reaccionan y se desenvuelven con los demás, integrando esas habilidades en su propia constitución social innata. Hasta la mitad de la adolescencia la relación padres-hijos predice y afecta más al comportamiento social de los hijos que viceversa. Sin embargo, hacia el final de la adolescencia, las experiencias de los hijos con sus amistades empiezan a condicionar las relaciones con los padres con la misma fuerza. Dicho de otra manera, a medida que crecen, la influencia de los padres sobre cómo son socialmente sus hijos va disminuyendo mientras que aumenta la percepción del mundo social de los hijos sobre cómo quieren relacionarse con sus progenitores. No hay que olvidar, sin embargo, que los padres ya han labrado con fuerza su influencia y que eso condicionará todas las relaciones posteriores, más las estables que las pasajeras. Y eso incluye, por ejemplo, la “cultura de la queja”, una de las formas de imitación que se propaga con más rapidez y que va desde las personas que consideran intolerable que no se digan las cosas como ellos querrían que fuesen dichas, hasta la creencia según la cual el Estado debe satisfacer todas las necesidades de los ciudadanos. ¿Qué parte de esa actitud les hemos transmitido nosotros?…



Años peligrosos
Vivir peligrosamente, una idea propia de la adolescencia, es una de las más extendidas sobre esta etapa; una idea que a menudo se empeñan a imitar aun a costa de su propia seguridad. ¿Es sólo imitación? La adolescencia es un proceso complejo, a veces turbulento, con profundas raíces biológicas culturales y sociales, que se nutre de los aprendizajes de la niñez pero que va mucho más allá, catapultado por las nuevas vivencias y los ineludibles cambios biológicos. Desde el punto de vista psicológico se caracteriza por la búsqueda de nuevos referentes, descubrimiento de la sexualidad, adquisición del pensamiento abstracto, inestabilidad emocional, desafío de los límites establecidos y radicalización ideológica, lo cual se traduce en un incremento de la impulsividad. No hace mucho se identificaron los circuitos neurales implicados en la impulsividad en los adolescentes, que residen en la corteza cerebral, la zona implicada en la percepción, el pensamiento abstracto, el juicio y la toma de decisiones. Estos circuitos se desregulan ligeramente durante la adolescencia y no maduran hasta más tarde.
También se ha demostrado que existen diferencias interpersonales en cuanto a su funcionamiento que justifican que haya adolescentes, y también adultos, mucho más impulsivos que otros. Es importante destacar que durante la adolescencia surgen muchos problemas psicológicos relacionados con la impulsividad, que pueden llegar a tener graves consecuencias para la persona que los sufre y también para la sociedad donde vive, y que las redes neurales implicadas pierden eficiencia de funcionamiento en los adolescentes que consumen alcohol, nicotina o cualquier droga ilegal. En definitiva, la imitación es crucial, pero no lo es todo.

Juegos mortales
Otra de las facetas que los hijos precisan para desarrollar sus habilidades sociales y aprender del mundo es ir comprobando la ecuanimidad y la simetría en las interacciones amistosas, porque serán así las relaciones en el futuro. Así aprenden y se hacen un sitio, su sitio, en el entorno. A partir de la adolescencia, y durante el resto de nuestros días, se mantiene la imitación entre iguales más o menos con la misma intensidad, aunque con la edad vaya adquiriendo formas más sutiles.
En cierto modo, a través de este proceso de imitación nos acabamos convirtiendo en aquello que nos permite encajar mejor en la sociedad, en función también de nuestras habilidades sociales y de todos aquellos factores de índole biológica y genética de los que, aunque tal vez nos pese, jamás nos desprenderemos. Como respondió Adolfo Bioy Casares al ser preguntado por Graciela Scheines: “El terrorista juega a ser terrorista, el juez juega a ser juez, el hombre reposado está jugando a hacer ese papel de hombre sensato. Y sí, todos involuntariamente nos metemos en juegos por los cuales somos capaces de morir”.
La imitación es necesaria para sobrevivir en un determinado ambiente social, como ciertas especies que se mimetizan con el entorno. A base de imitar y de ser imitados como mecanismo de cohesión social, tal vez nos acabamos convirtiendo en la persona que vemos reflejada en los ojos de los demás. Un poderoso motivo para que analicemos cómo miramos a los demás, especialmente a nuestros hijos.