Andrés Asiain
Si bien es cierto que la alta inflación actual no se explica por la presión salarial, no es menos cierto que los valores fijados hacia adelante en las paritarias se convierten en una referencia momentánea para los aumentos de precios.
Veámoslo con el caso de una paritaria puntual: el Sindicato de Choferes de Camiones cerró un acuerdo en octubre de 2022 que implicó incrementos que en junio de 2023 llegan a 107% interanual. En paralelo, el Gobierno pretendía alcanzar una inflación del 60%, consistente con un 4% mensual.
Si se hubiera dado ese proceso de desinflación, al mes de junio hubiésemos tenido una inflación en torno al 80% anual. Es decir, en junio de 2023 deberíamos haber estado con una actualización salarial del 107% (por paritaria) y una inflación del 80% (porque “el déficit y la emisión planificadas son consistentes con una inflación anual de 60%”, según el viceministro de Economía). El resultado teórico sería un incremento del salario real del 14%. No sólo es difícil pensar una recuperación tan significativa en un año sino que un incremento del salario real de esa magnitud implica una cantidad de consumo e importaciones que hoy no cuenta con los dólares suficientes.
Las pautas de inflación anunciadas por las autoridades económicas, como se vio en la historia reciente, no garantizan que la inflación converja a ella. Pero al momento de fijar una pauta hacia adelante, mínimamente tiene que ser consistente con lo que otros incrementos nominales ya fijan para adelante. El 60% que puso el Gobierno sobre la mesa quedó a mitad de camino entre un plan de estabilización y una baja gradual de la inflación.
El problema de esa pauta es que surge de un modelo fiscal y monetario que no contempla los fenómenos inerciales sobre los que tanto hemos venido insistiendo en esta columna y que se ha instalado como una cuestión central en los discursos pero no en las políticas. Así, la pauta de inflación oficial deja de ser creíble y atar las paritarias a la misma sólo sirve para generar pérdidas salariales que obliguen a renegociar al poco tiempo. Así las cosas, el estado de situación es de “negociación permanente”, lo que permite responder rápido si la inflación es más alta que la prevista. Para los próximos meses, los convenios tienen pautados incrementos entre el 6% y 7% mensual.










