Por Arturo Brooks
A pesar de los esfuerzos por encontrar la vida eterna mediante el entrenamiento de una Inteligencia Artificial que simula a fallecidos o los avances en la criogenización, lo cierto es que, por ahora, no existe la posibilidad de burlar a la muerte. Pronto cumpliré años, más de los que me gustaría tener, pero es una noticia buena… o es mejor que su alternativa. Sin embargo, un hecho desagradable a mi edad es que mi colesterol «malo» o LDL es demasiado alto. La solución obvia es mejorar mi dieta y hacer más ejercicio. No obstante, si eso fuera tan fácil, nadie tendría el colesterol alto, ¿verdad? Otra opción podría ser tomar estatinas o usar medicamentos para reducirlo. Mucha gente lo hace, pero es un tratamiento, no una cura, y los efectos secundarios pueden ser graves. También podría editar mis genes usando “Crispir”, tal y como hizo de manera reciente una persona en Nueva Zelanda, para reducir permanentemente mi LDL. Teniendo en cuenta que las enfermedades del corazón son una de las principales causas de muerte, eso podría alargar mi vida de forma significativa. Sé que todavía queda mucho por aprender sobre la eficacia de dicho tratamiento, pero impresiona la mera posibilidad de que exista.
Hace tan solo unos años, las cosas que podemos hacer hoy en día para alterar nuestro cuerpo sonarían a ciencia ficción. El envejecimiento y la muerte siempre han sido nuestros destinos inevitables, certezas de la vida que comienzan cuando nacemos. Sin embargo, ¿qué pasaría si pudiéramos ralentizar o incluso revertir ese proceso? Estas posibilidades son menos descabelladas de lo que imaginamos.
Una comitiva de multimillonarios y élites de Silicon Valley, incluida la familia real saudita, han invertido asombrosas cantidades de dinero en esta cuestión, financiando start-ups e investigaciones que intentan extender nuestro tiempo en la Tierra. ¿Podríamos engañar a la muerte y vivir para siempre? Porque podemos hacerlo. O, al menos, nuestras réplicas digitales pueden, como aprendió Charlotte Jee cuando entrenó una inteligencia artificial (IA) para crear simulaciones de sus padres. La tecnología que exploró Jee es una de las muchas destinadas a permitir que los vivos se comuniquen con los muertos, en este caso a través de Alexa de Amazon. El problema es que el 90% que mantenemos los seres humanos es no verbal… esta tecnología promete diálogos como las de mi madre con su radio AM enchufada sobre el aparador de la cocina.










