Yo digo… ¿Alcanzan los dólares para el año electoral? (Primera Parte)

Por Andrés Asiain

La escasez de dólares ha provocado frecuentes devaluaciones bruscas que exacerban tensiones macroeconómicas y aceleran la inflación. En un año electoral, cualquiera de estos escenarios son frustrantes para las posibilidades electorales del oficialismo. Por lo tanto, gran parte de la gestión económica está orientada a conseguir los dólares necesarios para transitar el 2023 con la mayor calma económica posible.
Respecto de 2022, la cuenta de dólares tiene varios cambios en este año. La sequía, los pagos netos al FMI, los mayores vencimientos por la deuda reestructurada y la dolarización típica de un año electoral son los factores que pondrán mayor presión sobre las reservas. Para contrarrestar ese impacto, se cuenta con un menor volumen de importaciones por el avance del gasoducto Presidente Néstor Kirchner y menores precios de la energía. El menor nivel de actividad -en septiembre, octubre y noviembre la actividad se redujo un -0,2%, -0,5% y -0,7% respectivamente-, también implica menor crecimiento de las importaciones.
Los acuerdos bilaterales para poder importar sin necesidad de utilizar los dólares de las reservas netas (el swap con China y el reciente anuncio con Brasil por la línea de financiamiento para exportadores/importadores), la licitación del servicio de 5G, desembolsos de organismos internacionales, son salvavidas para mantener a flote la economía en esta difícil coyuntura.



Conejos de la galera
Si los objetivos previstos en el acuerdo con el Fondo no se cumplen, la “solución” puede venir por algún waiver que contemple el impacto de la guerra y los esfuerzos hechos en 2022. En el contexto electoral, estos “perdones” del FMI son un riesgo elevado por la dependencia que genera la economía local de las decisiones políticas del organismo. Algunos analistas económicos mencionan estas estrategias como “conejos de la galera” para evitar una devaluación, cuya solución real vendría de la mano de duras políticas fiscales y monetarias. Si bien es cierto que las medidas que atienden la coyuntura cambiaria no son una solución estructural a la escasez de dólares, al momento de gestionar la política económica tampoco puede esperarse que la reducción del déficit fiscal o las menores transferencias del BCRA al Tesoro sean suficientes para garantizar los dólares necesarios. Ese ha sido el problema de las visiones ortodoxas que confiaron excesivamente en la pata fiscal y monetaria sin llevar adelante una gestión estricta de los dólares disponibles, tanto coyuntural (“los conejos de la galera”) como estructural vinculadas a desarrollos de exportadores, de sustitución de importaciones, reestructuraciones de deudas y políticas financieras que combatan el bimonetarismo.

Más pagos que desembolsos
El 2022 terminó consiguiendo un resultado positivo en las reservas por U$S 6.918 millones, producto de las transacciones reales y financieras con el resto del mundo. Por cobro y pago de bienes, el saldo fue positivo en U$S 21.817 millones. En gran parte, este resultado se consiguió a partir del dólar soja en septiembre y diciembre ya que en sólo en esos dos meses se consiguió la mitad del superávit.
Pero bueno parte de ese resultado se perdió por la balanza de servicios, muy deteriorada respecto a 2021 por el impacto que tuvo la guerra en los costos logísticos de las importaciones y sobre todo por el empeoramiento en el balance de turismo. En el rubro de Rentas, todas las cuentas empeoraron respecto de 2021. Esto se debe a los muy acotados pagos que se hicieron ese año -sobre todo por parte del gobierno nacional- y en menor medida al impacto que empezó a tener desde mediados de año la suba de tasas internacionales. Esa suba de tasas impacta con los costos de nuestro financiamiento con el FMI y otros organismos que toman las tasas de interés de Bancos Centrales como referencia para sus créditos. El gran “aporte” de dólares durante 2022 lo realizó el FMI ya que el acuerdo contemplaba más desembolsos que vencimientos para el año pasado, algo que ya se revierte en 2023 con más pagos que desembolsos. Sin esta fuente, el resultado de reservas hubiese sido prácticamente neutro el año pasado.
Las exportaciones del complejo sojero entrarán demoradas, a partir de abril, dado que la sequía demoró considerablemente la siembra. Ese segundo trimestre será clave porque es en el que debería acumular U$S 3.100 millones en las reservas netas para cumplir la meta establecida para fines de junio. Además, esa revisión será la última relevante para el Gobierno dado que implicará el desembolso del acuerdo previsto para septiembre.