Hojas sueltas… Mutación social

Alfredo Serrano

Las redes sociales funcionan como una nueva esfera del espacio público que se superpone e interactúa con la esfera de los medios tradicionales (televisión, radio, prensa escrita). Estos últimos no han perdido por completo su capacidad de influencia, ni mucho menos, pero ya no son los únicos que monopolizan la circulación de la información. La influencia y el poder de las redes sociales en las disputas políticas son crecientes.
La propia relación de los ciudadanos con la información se transforma. Ya no hace falta encender la televisión o abrir el periódico para acceder a las noticias, sino que emerge una lógica de información incidental. Estando en las redes (que ahora son un plano más del entorno inmediato) el usuario se encuentra todo el tiempo con noticias.
Por su propia lógica estructural, las redes sociales funcionan como una cámara de eco. La cultura del “me gusta” genera burbujas informativas en las cuales cada uno “vive” y navega visualizando contenidos seleccionados que son un recorte personalizado de sus preferencias e intereses. La información circula de manera fragmentada y efímera.El muro o timeline devuelve a cada internauta la imagen de quién es (o quién quiere ser) en función de sus elecciones previas. De ahí que, mientras navegamos en las redes, confirmamos nuestras creencias previas. Y ello genera la ilusión de que nuestras opiniones son las de la mayoría. Dicho de otro modo, las redes sociales refuerzan las identidades porque funcionan profundizando la tendencia refractaria a la disonancia cognitiva, a evitar informaciones que contradigan las preferencias ideológicas propias. Por eso el lenguaje particular de las redes es reactivo, de rechazo a lo diferente. Lejos de la lógica del debate de ideas y la argumentación, el intercambio en las redes se estructura en torno al ruido, en olas de halagos o insultos.
El anonimato que permiten las redes es una de las claves de su funcionamiento. El trastocamiento de la distancia entre lo público y lo privado y la lógica de la inmediatez y el anonimato hacen que el medio digital sea primordialmente un medio del afecto, lo que encaja a la perfección en sociedades cada vez más proclives al escándalo y a la espectacularización de la política. Pero, además, el fenómeno de “vivir en las redes” conlleva una mutación social profunda porque trastoca el modo de relacionarse e interactuar con otros en sentido estricto, es decir, la sociabilidad.